La fiesta de cada mes
Como los meses de Israel eran lunares, cada mes empezaba con la luna nueva: la primera franja de luna que se veía al anochecer después de unas noches oscuras. Ese día era fiesta. La ley manda tocar las trompetas de plata sobre los sacrificios «en el día de vuestra alegría, y en vuestras solemnidades, y en los principios de vuestros meses» Números 10:10, y fija para cada luna nueva una ofrenda propia, mayor que la de un día cualquiera: dos becerros, un carnero, siete corderos y un macho cabrío por el pecado Números 28:11-15. Un salmo dice: «Tocad la trompeta en la nueva luna» Salmos 81:3.
Un día de familia y de descanso
La luna nueva no era solo un rito del santuario: también se celebraba en casa. Saúl comía ese día con su corte, y David le dice a Jonatán: «mañana será nueva luna, y yo acostumbro sentarme con el rey a comer» 1 Samuel 20:5. Al segundo día, Saúl pregunta por qué no ha venido «el hijo de Isaí», y así se descubre que David ha huido 1 Samuel 20:24-27.
Era también un día en que se visitaba a los hombres de Dios. Cuando la sunamita quiere ir corriendo a Eliseo, su marido se extraña: «¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo» 2 Reyes 4:22-23.
Y, como el sábado, interrumpía el comercio. Amós retrata a los comerciantes impacientes: «¿Cuándo pasará el mes, y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los graneros del pan?» Amós 8:5. Lo que en español se traduce «el mes» es, en hebreo, la luna nueva.
La crítica de los profetas
Isaías transmite una de las palabras más duras sobre el culto: «Luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma» Isaías 1:13-14. No rechaza la fiesta en sí, sino celebrarla con las manos «llenas de sangre» (1:15). Al final del mismo libro, la luna nueva vuelve en positivo: «de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí» Isaías 66:23.
En el Nuevo Testamento
Pablo nombra la luna nueva junto al sábado al escribir a los colosenses: «nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo» Colosenses 2:16-17.