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Amor

También: Amar · Agápē · Ágape · Ahab · Amor al prójimo · Prójimo

En la Biblia, el amor es a la vez una relación y una obligación: Dios ama a su pueblo y le pide que lo ame «con todo el corazón», y manda amar al prójimo como a uno mismo. No es solo un sentimiento: se muestra en lealtad, en obediencia y en actos concretos. El Nuevo Testamento lo pone en el centro: «Dios es amor».

En la Biblia

El Shemá manda: «amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón» (Deuteronomio 6:5); y Levítico, «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18). Jesús une los dos mandamientos (Marcos 12:29-31). Pablo describe el amor en 1 Corintios 13, y Juan escribe que «Dios es amor» (1 Juan 4:8).

Etimología

Del latín amor. El hebreo usa sobre todo אָהַב ahab, «amar», para el amor entre personas, el de un padre, el de una pareja y el de Dios; su pariente jésed expresa la lealtad amorosa de la alianza. El griego del Nuevo Testamento prefiere agápē y el verbo agapáō, palabras poco llamativas en el griego clásico, y usa también philéō, «querer, tener amistad».

Un amor que se manda

Una de las cosas que sorprende al lector moderno es que la Biblia manda amar. El Shemá, la confesión de fe de Israel, dice: «Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas» Deuteronomio 6:4-5. Un sentimiento no se puede mandar; una lealtad, sí. El amor a Dios en Deuteronomio se demuestra guardando sus mandamientos.

Dios ama primero

La elección de Israel no se explica por sus méritos, sino porque «Jehová os amó» Deuteronomio 7:7-8. Oseas describe ese amor con la imagen de un padre que enseña a andar a su hijo: «Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo… con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor» Oseas 11:1-4; y en su propia vida lo representa con el amor a una esposa infiel.

El prójimo y el extranjero

El mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo está en Levítico, en medio de leyes muy concretas Levítico 19:18. Y pocos versículos después se extiende al extranjero que vive en la tierra: «como a uno de vosotros le tendréis… y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» Levítico 19:33-34.

Los dos mandamientos

Cuando un escriba pregunta a Jesús cuál es el primer mandamiento, responde con el Shemá y añade el de Levítico: amar a Dios y amar al prójimo; no hay otro mandamiento mayor Marcos 12:28-31. Otro maestro de la ley pregunta «¿quién es mi prójimo?», y Jesús responde con la parábola del samaritano, que cambia la pregunta: no quién merece mi amor, sino de quién me hago prójimo Lucas 10:29-37. Y va más lejos: «Amad a vuestros enemigos» Mateo 5:43-45.

En la última cena da a sus discípulos «un mandamiento nuevo»: que se amen unos a otros como él los amó Juan 13:34-35.

«Dios es amor»

El Nuevo Testamento sitúa la muerte de Jesús como la prueba del amor de Dios: «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito» Juan 3:16; «Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» Romanos 5:8. Pablo describe el amor por lo que hace: es sufrido, benigno, no tiene envidia, no busca lo suyo, todo lo soporta 1 Corintios 13:4-7. Y la primera carta de Juan formula la frase más breve: «Dios es amor»; de ahí deduce que quien no ama no ha conocido a Dios 1 Juan 4:7-12.

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