Un amor que se manda
Una de las cosas que sorprende al lector moderno es que la Biblia manda amar. El Shemá, la confesión de fe de Israel, dice: «Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas» Deuteronomio 6:4-5. Un sentimiento no se puede mandar; una lealtad, sí. El amor a Dios en Deuteronomio se demuestra guardando sus mandamientos.
Dios ama primero
La elección de Israel no se explica por sus méritos, sino porque «Jehová os amó» Deuteronomio 7:7-8. Oseas describe ese amor con la imagen de un padre que enseña a andar a su hijo: «Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo… con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor» Oseas 11:1-4; y en su propia vida lo representa con el amor a una esposa infiel.
El prójimo y el extranjero
El mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo está en Levítico, en medio de leyes muy concretas Levítico 19:18. Y pocos versículos después se extiende al extranjero que vive en la tierra: «como a uno de vosotros le tendréis… y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» Levítico 19:33-34.
Los dos mandamientos
Cuando un escriba pregunta a Jesús cuál es el primer mandamiento, responde con el Shemá y añade el de Levítico: amar a Dios y amar al prójimo; no hay otro mandamiento mayor Marcos 12:28-31. Otro maestro de la ley pregunta «¿quién es mi prójimo?», y Jesús responde con la parábola del samaritano, que cambia la pregunta: no quién merece mi amor, sino de quién me hago prójimo Lucas 10:29-37. Y va más lejos: «Amad a vuestros enemigos» Mateo 5:43-45.
En la última cena da a sus discípulos «un mandamiento nuevo»: que se amen unos a otros como él los amó Juan 13:34-35.
«Dios es amor»
El Nuevo Testamento sitúa la muerte de Jesús como la prueba del amor de Dios: «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito» Juan 3:16; «Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» Romanos 5:8. Pablo describe el amor por lo que hace: es sufrido, benigno, no tiene envidia, no busca lo suyo, todo lo soporta 1 Corintios 13:4-7. Y la primera carta de Juan formula la frase más breve: «Dios es amor»; de ahí deduce que quien no ama no ha conocido a Dios 1 Juan 4:7-12.