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Adulterio

También: Adúltero · Adúltera · Adulterar · Fornicación · Fornicario · Porneía · Inmoralidad sexual · No cometerás adulterio

En la ley de Israel, la relación sexual de un hombre con la mujer casada (o desposada) de otro. Es el séptimo mandamiento —«No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14)— y se castigaba con la muerte de ambos. Los profetas lo usan además como imagen de la infidelidad de Israel a Dios.

En la Biblia

Jesús lleva el mandamiento al corazón: «cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» (Mateo 5:28). El caso más conocido del Antiguo Testamento es el de David con Betsabé (2 Samuel 11–12).

Etimología

Del latín adulterium. El hebreo distingue nāʾap̄, «cometer adulterio», de zānâ, «prostituirse, fornicar». El griego del Nuevo Testamento distingue moicheía, «adulterio», de porneía, término más amplio para la inmoralidad sexual, que la Reina-Valera traduce «fornicación».

En la Ley

El mandamiento es breve: «No cometerás adulterio» Éxodo 20:14. La pena era la muerte del hombre y de la mujer Levítico 20:10. En el mundo antiguo el adulterio no era solo un asunto privado: ponía en duda la paternidad de los hijos y, con ella, la herencia y la continuidad de la familia. La ley protegía al marido y al linaje, y la desigualdad es visible: el adulterio se definía por el estado civil de la mujer.

El pecado de David con Betsabé muestra hasta dónde podía llevar: adulterio, encubrimiento y asesinato de Urías. El profeta Natán le hace reconocer su culpa con una parábola, y David confiesa: «Pequé contra Jehová» 2 Samuel 12:7-13.

Imagen de la infidelidad a Dios

Los profetas describen la relación entre Dios e Israel como un matrimonio, y la idolatría como adulterio. Oseas lo vive en su propia casa con una esposa infiel, y Dios habla a través de ello: «Contended con vuestra madre… porque ella no es mi mujer, ni yo su marido» Oseas 2:2. Jesús llama a sus oponentes «generación mala y adúltera» en ese mismo sentido Mateo 12:39.

En el Nuevo Testamento

En el sermón del monte, Jesús lleva el mandamiento al deseo: «cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» Mateo 5:27-28, y relaciona el adulterio con el divorcio. Hebreos pide que se honre el matrimonio: «a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios» Hebreos 13:4.

Ante la mujer sorprendida en adulterio, a quien quieren apedrear, Jesús responde: «El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella»; uno a uno se van, y él le dice: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más» Juan 8:3-11.

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