En el último viaje de Elías, de Gilgal a Bet-el, de Bet-el a Jericó y de Jericó al Jordán, Eliseo se niega tres veces a quedarse atrás: «Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré» 2 Reyes 2:1-6. Al otro lado del río, Elías le pregunta qué quiere antes de ser quitado, y Eliseo pide una doble porción de su espíritu 2 Reyes 2:9-10. Ve el carro de fuego y a su maestro subir en el torbellino, recoge el manto, golpea las aguas del Jordán preguntando «¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?», y el río se abre. Los hijos de los profetas de Jericó lo reconocen: el espíritu de Elías reposa sobre Eliseo 2 Reyes 2:11-15.
Sus dos primeros actos marcan el tono de todo su ministerio. En Jericó, echa sal en el manantial de aguas malas y lo sana 2 Reyes 2:19-22. Camino de Bet-el, unos muchachos se burlan de él gritándole «¡Calvo, sube!»; él los maldice, y dos osas despedazan a cuarenta y dos 2 Reyes 2:23-24.
Su papel dentro de la Biblia
Eliseo completa la obra de Elías 2 Reyes 2:15. Elías se enfrentó a Baal y desapareció; Eliseo se queda en medio del pueblo durante medio siglo, entre los reyes Joram, Jehú, Joacaz y Joás, y su ministerio combina los milagros cotidianos —el aceite, el pan, el agua, una herramienta perdida— con la intervención en la política de su tiempo. Con él, la figura del profeta rodeado de discípulos, los «hijos de los profetas», ocupa un lugar central.
Los paralelos entre Elías y Eliseo son deliberados: los dos abren el Jordán, multiplican el alimento de una viuda y devuelven la vida a un niño tendiéndose sobre él 1 Reyes 17:21-22 2 Reyes 4:34. La tradición judía posterior contó que Eliseo hizo el doble de milagros que su maestro, como eco de la doble porción; el texto no los cuenta.
Cómo lo recuerda el resto de la Biblia
La única mención fuera de los libros de los Reyes está en boca de Jesús, en la sinagoga de Nazaret: Eliseo curó a un extranjero, Naamán el sirio, y no a los muchos leprosos de Israel Lucas 4:27. Los milagros de Jesús —la resurrección del hijo de la viuda en Naín, junto a Sunem, la multiplicación de los panes, la curación de leprosos— evocan con frecuencia los de Eliseo Lucas 7:11-15.