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Primogenitura

También: Primogénito · Primogénitos · Bekor · Derecho de primogenitura

La condición y los derechos del hijo primogénito, el primer varón nacido de un padre. En Israel le correspondía una porción doble de la herencia y, con ella, un lugar de preeminencia en la familia. Al mismo tiempo, todo primogénito —de hombre o de animal— se consideraba propiedad de Dios y debía ser consagrado o rescatado.

En la Biblia

La Ley protegía el derecho del primogénito aunque fuera hijo de la esposa menos amada (Deuteronomio 21:15-17). Pero el relato bíblico lo invierte una y otra vez: Isaac antes que Ismael, Jacob antes que Esaú, José y Judá antes que Rubén, Efraín antes que Manasés, David, el menor de sus hermanos. Israel mismo es llamado «mi hijo, mi primogénito» (Éxodo 4:22).

Etimología

Del latín primogenitus, «nacido primero». El hebreo dice בְּכוֹר bekor, «primogénito», y בְּכֹרָה bekorah, «primogenitura», el derecho que Esaú vende a Jacob. El griego usa prōtótokos, «primero en nacer», que en el Nuevo Testamento pasa a designar también la preeminencia.

Lo que se heredaba

La familia del antiguo Israel se organizaba alrededor del padre y de la tierra. Cuando el padre moría, el primogénito recibía «el doble de lo que correspondiere a cada uno» de sus hermanos, y ese derecho no dependía de las preferencias del padre: la Ley prohíbe dárselo al hijo de la esposa amada si el primero en nacer es el de la aborrecida Deuteronomio 21:15-17. El legislador tiene delante un conflicto real de familias con varias esposas, y protege al hijo, no al afecto.

La primogenitura es distinta de la bendición, aunque suelen ir juntas. La primera es un derecho sobre la herencia; la segunda, una palabra del padre que orienta el futuro de cada hijo. Jacob obtiene las dos de Esaú, en dos escenas diferentes.

Cómo se pierde

Esaú la cambia por un plato de guiso al volver cansado del campo: «He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?», y el narrador cierra con un juicio: «así menospreció Esaú la primogenitura» Génesis 25:29-34. El texto no condena el trato por injusto, sino el desprecio de quien no valora lo que tiene.

Rubén la pierde por su conducta. Jacob lo llama «mi primogénito, mi fortaleza», pero le niega la preeminencia porque subió al lecho de su padre Génesis 49:3-4. Crónicas explica a dónde fue a parar: los derechos pasaron a los hijos de José, aunque el liderazgo quedó en Judá 1 Crónicas 5:1-2. Es un ejemplo de cómo la Biblia puede separar lo que la costumbre unía: la doble porción por un lado, el mando por otro.

El menor delante del mayor

Lo más característico del tema en la Biblia es su inversión. Dios acepta la ofrenda de Abel, el menor. La promesa pasa por Isaac y no por Ismael. Antes del nacimiento de los gemelos, Rebeca oye que «el mayor servirá al menor» Génesis 25:23. Al bendecir a los hijos de José, Jacob cruza las manos y pone la derecha sobre Efraín, el menor, a pesar de las protestas de José Génesis 48:13-20. Y Samuel unge a David, el último de los hijos de Isaí, después de que desfilen ante él todos los mayores 1 Samuel 16:10-13.

Los primogénitos pertenecen a Dios

Hay un segundo sentido, religioso. Tras la muerte de los primogénitos de Egipto en la última plaga Éxodo 12:29, Dios reclama para sí a todo primogénito de Israel, de hombres y de animales Éxodo 13:1-2. Los animales puros se sacrificaban; los hijos se rescataban, y el rito debía explicarse a las generaciones siguientes como memoria de la salida de Egipto Éxodo 13:11-15. Más adelante Dios toma a los levitas en lugar de todos los primogénitos para el servicio del santuario Números 3:11-13, y los primogénitos que excedían el número de levitas se rescataban con cinco siclos cada uno Números 3:46-47.

Detrás de todo está una imagen de alcance nacional: antes de las plagas, Dios manda a Moisés decir al faraón que «Israel es mi hijo, mi primogénito», y que si no lo deja ir morirá el primogénito del faraón Éxodo 4:22-23.

En el Nuevo Testamento

Jesús es el «hijo primogénito» de María Lucas 2:7, y por eso sus padres lo presentan en el templo, citando la ley de Éxodo: «todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor» Lucas 2:22-23.

A partir de ahí la palabra cambia de plano. Colosenses llama a Cristo «el primogénito de toda creación» y «el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia» Colosenses 1:15-18; Romanos, «primogénito entre muchos hermanos» Romanos 8:29. Hebreos, en cambio, recuerda a Esaú como ejemplo de quien vendió su primogenitura por una sola comida Hebreos 12:16 y habla de la «congregación de los primogénitos» inscritos en los cielos Hebreos 12:23.

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