Moisés sabe que no entrará. Antes de morir, le pide a Dios un sucesor: «un varón sobre la congregación… para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor» Números 27:15-17. Dios señala a Josué hijo de Nun, «varón en el cual hay espíritu» Números 27:18. Moisés le impone las manos delante de todo Israel Números 27:22-23. La sucesión queda hecha en vida.
El resto de la vida se lo pasa hablando. Deuteronomio son básicamente tres discursos suyos al pueblo en las llanuras de Moab, antes de cruzar el Jordán. Repite la historia Deuteronomio 1:1—4:49; repite la Ley Deuteronomio 5:1—26:19; renueva el pacto Deuteronomio 27:1—30:20; canta un poema y bendice a las tribus Deuteronomio 32:1—33:29. Y en el centro, la frase que va a ser el corazón confesional del judaísmo: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón» Deuteronomio 6:4-5. Es la que Jesús citará como «el primer mandamiento» Marcos 12:29-30.
Y sube al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, «que está enfrente de Jericó» Deuteronomio 34:1. Dios le muestra toda la tierra: Galaad hasta Dan, Neftalí, Efraín, Manasés, Judá hasta el mar occidental, el Néguev, la llanura de Jericó, hasta Zoar Deuteronomio 34:1-3. Y le dice: «esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob… te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá» Deuteronomio 34:4.
Moisés muere allí. Ciento veinte años, «sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor» Deuteronomio 34:7. Y aquí una de las líneas más asombrosas del Pentateuco: Dios mismo lo entierra en un valle de Moab, frente a Bet-peor, y «ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy» Deuteronomio 34:6. El único hombre en la Escritura sepultado directamente por Dios, y sin tumba conocida. La tradición explica que fue así para que no la convirtieran en santuario; el texto no da el motivo.
El epílogo lo escribe una mano posterior —el propio Moisés no puede narrar su muerte— y sintetiza la evaluación oficial del Antiguo Testamento sobre él: «y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara» Deuteronomio 34:10.