Al tercer mes de haber salido de Egipto, Israel llega al desierto del Sinaí y acampa frente al monte Éxodo 19:1-2. Moisés sube. Y Dios declara, antes de dar ninguna ley, cuál es el proyecto: «vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos… reino de sacerdotes, y gente santa» Éxodo 19:4-6. Israel responde: «todo lo que Jehová ha dicho, haremos» Éxodo 19:8.
Tres días de preparación. Al tercero, en la mañana, «vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo» Éxodo 19:16. El monte humea, tiembla, se cubre de fuego Éxodo 19:18. Y en ese contexto —no en un aula, no en un templo— Dios habla los diez mandamientos Éxodo 20:1-17. Uno solo Dios. Ninguna imagen. El nombre no en vano. El sábado. Honra padre y madre. No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. No codiciarás.
El pueblo, viendo los truenos, pide que Moisés hable con Dios y les traiga la palabra: «háblanos tú, y nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, para que no muramos» Éxodo 20:19. Nace ahí la vocación mediadora que va a definir el resto de la vida de Moisés.
Siguen los tres capítulos del «libro del pacto» Éxodo 21:1—23:33 con leyes civiles y rituales. Y al final Moisés escribe todo, edifica un altar al pie del monte, ofrece sacrificios, toma la mitad de la sangre y la rocía sobre el altar, y con la otra mitad rocía al pueblo, diciendo: «he aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros» Éxodo 24:6-8. Esa frase, «sangre del pacto», va a resonar en la última cena Mateo 26:28.
Y luego, algo insólito: Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos de Israel suben, «y vieron al Dios de Israel»; había bajo sus pies como un enlosado de zafiro; «y comieron y bebieron» Éxodo 24:9-11. La única comida ritual del Antiguo Testamento en la que hombres vieron a Dios.
Moisés sube después solo. Se queda cuarenta días y cuarenta noches en el monte Éxodo 24:18. En el intertanto le son dictadas las instrucciones minuciosas para el tabernáculo, el sacerdocio, los utensilios y las vestiduras Éxodo 25:1—31:18.