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Elección

También: Elegir · Escogido · Escogidos · Elegidos · Pueblo elegido · Predestinación

La iniciativa de Dios de escoger a una persona, una familia o un pueblo para una relación especial con él y para una tarea. En el Antiguo Testamento, Dios elige a Abraham y a Israel no por sus méritos, sino por amor, y para que por ellos lleguen bendición y luz a las naciones. En el Nuevo Testamento, la elección se aplica a Jesús, el Escogido, y a quienes creen en él.

En la Biblia

Dios llama a Abraham para que en él sean benditas todas las familias de la tierra (Génesis 12:1-3). Deuteronomio explica que Dios eligió a Israel no por ser el pueblo más numeroso, sino porque lo amó (Deuteronomio 7:6-8). Jesús dice a sus discípulos: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros» (Juan 15:16).

Etimología

Del latín electio, de eligere, «escoger». El hebreo usa בָּחַר bajar, «escoger», el verbo que se emplea para elegir a un rey, un lugar o un pueblo, y el adjetivo bajir, «escogido». El griego del Nuevo Testamento dice eklégomai, «escoger», eklogḗ, «elección», y eklektós, «escogido».

Escogidos por amor

La historia de Israel empieza con una elección. Dios llama a Abraham a dejar su tierra y le promete una descendencia y una bendición, con una finalidad que va más allá de él: «serán benditas en ti todas las familias de la tierra» Génesis 12:1-3. La elección no es un privilegio cerrado; es un encargo.

Deuteronomio se pregunta por qué Dios escogió a Israel y responde descartando las razones obvias: «No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó» Deuteronomio 7:6-8. La elección no se explica por algo en el elegido.

El menor antes que el mayor

Una y otra vez, el Génesis muestra a Dios eligiendo contra el orden esperado. Antes de nacer los gemelos de Rebeca, Dios anuncia que «el mayor servirá al menor» Génesis 25:23: Jacob antes que Esaú, como Isaac antes que Ismael, José antes que sus hermanos mayores. Cuando Samuel va a ungir a un hijo de Isaí, Dios descarta a los siete que tiene delante y escoge al que estaba con las ovejas, David 1 Samuel 16:7-13.

Dios elige también lugares: Deuteronomio habla del «lugar que Jehová vuestro Dios escogiere» para poner su nombre Deuteronomio 12:5, que acabará siendo Jerusalén.

Elección y responsabilidad

Ser elegido no es garantía de trato favorable. Amós invierte la lógica: «A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades» Amós 3:2. Más elección, más responsabilidad.

Y la elección tiene un horizonte universal. El siervo de Jehová, «mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento», recibe como misión ser «luz de las naciones» Isaías 42:1-6.

En el Nuevo Testamento

En la transfiguración, la voz del cielo retoma el lenguaje de Isaías: «Este es mi Hijo amado», o, según otros manuscritos, «mi Hijo, el escogido» Lucas 9:35. Jesús elige a sus discípulos: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros» Juan 15:16; y el Señor dice de Pablo que es «instrumento escogido» para llevar su nombre a los gentiles Hechos 9:15.

Pedro aplica a los creyentes, judíos y gentiles, los títulos de Israel en el Sinaí: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa» 1 Pedro 2:9. Pablo, en Romanos 9—11, vuelve al caso de Jacob y Esaú para subrayar que la elección depende de Dios y no de las obras Romanos 9:10-16, y concluye que Israel sigue siendo amado «por causa de los padres», porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables Romanos 11:28-29.

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