Escogidos por amor
La historia de Israel empieza con una elección. Dios llama a Abraham a dejar su tierra y le promete una descendencia y una bendición, con una finalidad que va más allá de él: «serán benditas en ti todas las familias de la tierra» Génesis 12:1-3. La elección no es un privilegio cerrado; es un encargo.
Deuteronomio se pregunta por qué Dios escogió a Israel y responde descartando las razones obvias: «No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó» Deuteronomio 7:6-8. La elección no se explica por algo en el elegido.
El menor antes que el mayor
Una y otra vez, el Génesis muestra a Dios eligiendo contra el orden esperado. Antes de nacer los gemelos de Rebeca, Dios anuncia que «el mayor servirá al menor» Génesis 25:23: Jacob antes que Esaú, como Isaac antes que Ismael, José antes que sus hermanos mayores. Cuando Samuel va a ungir a un hijo de Isaí, Dios descarta a los siete que tiene delante y escoge al que estaba con las ovejas, David 1 Samuel 16:7-13.
Dios elige también lugares: Deuteronomio habla del «lugar que Jehová vuestro Dios escogiere» para poner su nombre Deuteronomio 12:5, que acabará siendo Jerusalén.
Elección y responsabilidad
Ser elegido no es garantía de trato favorable. Amós invierte la lógica: «A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades» Amós 3:2. Más elección, más responsabilidad.
Y la elección tiene un horizonte universal. El siervo de Jehová, «mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento», recibe como misión ser «luz de las naciones» Isaías 42:1-6.
En el Nuevo Testamento
En la transfiguración, la voz del cielo retoma el lenguaje de Isaías: «Este es mi Hijo amado», o, según otros manuscritos, «mi Hijo, el escogido» Lucas 9:35. Jesús elige a sus discípulos: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros» Juan 15:16; y el Señor dice de Pablo que es «instrumento escogido» para llevar su nombre a los gentiles Hechos 9:15.
Pedro aplica a los creyentes, judíos y gentiles, los títulos de Israel en el Sinaí: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa» 1 Pedro 2:9. Pablo, en Romanos 9—11, vuelve al caso de Jacob y Esaú para subrayar que la elección depende de Dios y no de las obras Romanos 9:10-16, y concluye que Israel sigue siendo amado «por causa de los padres», porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables Romanos 11:28-29.