Una súplica del salmo 118
La palabra viene del salmo 118, uno de los que se cantaban en las grandes fiestas. El salmista pide: «Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora», y el versículo siguiente da la bienvenida a quien llega al templo: «Bendito el que viene en el nombre de Jehová» Salmos 118:25-26. En hebreo, «sálvanos ahora, te ruego» es hoshía-ná: hosanna.
El grito de la entrada en Jerusalén
Cuando Jesús entra en Jerusalén montado en un pollino, la multitud tiende sus mantos y ramas en el camino y grita con las palabras de ese salmo: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!» Mateo 21:8-9. Marcos añade: «¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!» Marcos 11:9-10. Juan cuenta que la gente salió a recibirlo con ramas de palmera y lo aclamó como «el Rey de Israel» Juan 12:12-13.
En esa escena, «hosanna» ya no es solo «sálvanos»: es una aclamación, como un «¡viva!». Pero la súplica no ha desaparecido del todo, porque se dirige al «Hijo de David», el título del Mesías esperado. La multitud saluda a Jesús como el rey que viene a salvar.
Los niños en el templo
Después de la entrada, en el templo, los niños siguen gritando «¡Hosanna al Hijo de David!». Los principales sacerdotes y los escribas se indignan, y Jesús les responde con otro salmo: «¿Nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?» Mateo 21:15-16.