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Lengua griega

También: Griego · Griego koiné · Koiné · Griego bíblico · Griego del Nuevo Testamento

La lengua en que se escribió todo el Nuevo Testamento y la traducción antigua más importante del Antiguo, la Septuaginta. No es el griego clásico de Platón, sino el koiné, el griego común que se hablaba en todo el Mediterráneo oriental desde las conquistas de Alejandro Magno: la lengua del comercio, la administración y la vida diaria.

En la Biblia

Sobre la cruz, Pilato hizo poner el título «escrito en hebreo, en griego y en latín» (Juan 19:20). En el templo, el tribuno se sorprende de que Pablo le hable en griego: «¿Sabes griego?» (Hechos 21:37).

Etimología

Koiné significa «común» en griego: hē koinḕ diálektos, «la lengua común». En el Nuevo Testamento, «griego» (Héllēn) designa también, por extensión, a cualquier no judío de cultura griega.

Una lengua para todo el Mediterráneo

Después de las conquistas de Alejandro Magno, en el siglo IV a. C., el griego se convirtió en la lengua común de Oriente: la hablaban comerciantes, soldados, funcionarios y gente corriente desde Egipto hasta Asia Menor. Cuando Roma dominó la región, el latín fue la lengua del ejército y de la ley, pero en el este se siguió viviendo en griego.

Por eso el Nuevo Testamento se escribió en griego, aunque sus autores eran casi todos judíos y Jesús hablaba probablemente arameo: era la lengua que podían leer las iglesias de Roma, Corinto, Éfeso o Antioquía. Y por eso, siglos antes, los judíos de Alejandría habían traducido sus Escrituras al griego en la Septuaginta, que es la Biblia que citan muchas veces los autores del Nuevo Testamento.

Tres lenguas en Jerusalén

El Nuevo Testamento deja ver que en la Judea del siglo I convivían varias lenguas. El título de la cruz estaba «escrito en hebreo, en griego y en latín» Juan 19:19-20, para que todos pudieran leerlo. Cuando Pablo es arrestado en el templo, el tribuno romano se sorprende: «¿Sabes griego?»; y Pablo, después, habla al pueblo «en lengua hebrea» Hechos 21:37-40, es decir, probablemente en arameo.

Dentro de la primera iglesia de Jerusalén había ya dos grupos: los «hebreos», judíos de lengua aramea, y los «griegos» o helenistas, judíos que venían de la diáspora y hablaban griego. Las quejas de estos sobre la atención a sus viudas dieron origen a los siete servidores Hechos 6:1.

Palabras arameas en un texto griego

Los evangelios, escritos en griego, conservan a veces las palabras arameas de Jesús y las traducen. Al resucitar a la hija de Jairo, Jesús le dice «Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate» Marcos 5:41. Esas palabras sueltas muestran que lo que leemos en griego es ya una traducción de lo que Jesús decía.

Por qué importa conocer el griego

Muchas palabras clave de la fe cristiana son griegas y tienen matices que el español no siempre conserva:

  • Lógos (Juan 1:1), «palabra» y también «razón», que la filosofía griega ya usaba.
  • Ekklēsía, «asamblea», que da «iglesia».
  • Euangélion, «buena noticia», que da «evangelio».
  • Christós, «ungido», la traducción del hebreo mashíaj.

El griego del Nuevo Testamento sirvió también para hablar a los no judíos en su propio mundo de ideas. En Atenas, Pablo cita a un poeta griego: «Porque linaje suyo somos» Hechos 17:22-28. Y el Apocalipsis usa la primera y la última letra del alfabeto griego para hablar de Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega» Apocalipsis 1:8, es decir, el principio y el fin.

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