eLogos

Temerosos de Dios

También: Temeroso de Dios · Adoradores de Dios · Piadosos · Theosebeîs · Prosélitos de la puerta

Gentiles que, en el siglo I, se sentían atraídos por el judaísmo: creían en el Dios de Israel, asistían a la sinagoga, oraban y daban limosna, pero no se circuncidaban ni asumían la Ley entera. En Hechos forman el puente por el que el mensaje sobre Jesús pasa de los judíos a los gentiles: Cornelio es uno de ellos.

En la Biblia

Cornelio, centurión en Cesarea, es «piadoso y temeroso de Dios» (Hechos 10:1-2). Pablo, en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, se dirige a «varones israelitas, y los que teméis a Dios» (Hechos 13:16). Lidia, en Filipos, «adoraba a Dios» (Hechos 16:14).

Etimología

Traducción del griego phoboúmenoi tòn theón, «los que temen a Dios», y de la variante sebómenoi tòn theón, «los que veneran a Dios», que Hechos usa para este grupo. En inscripciones griegas de sinagogas aparece además theosebeîs, «adoradores de Dios». En el Antiguo Testamento, «temer a Dios» es una expresión general para la piedad, no el nombre de un grupo.

Gentiles en la sinagoga

En el siglo I había comunidades judías en casi todas las ciudades del Mediterráneo oriental, y sus sinagogas atraían a vecinos no judíos. Algunos acababan circuncidándose y adoptando la Ley entera: eran los prosélitos. Otros se quedaban en un punto intermedio: creían en el Dios único, asistían a la sinagoga, guardaban algunas prácticas, pero seguían siendo gentiles. A estos Hechos los llama «los que temen a Dios» o «los que adoran a Dios».

La idea tenía raíces antiguas. Salomón, al dedicar el templo, ya había previsto que un extranjero viniera de lejos a orar por causa del nombre de Dios 1 Reyes 8:41-43, y un salmo distingue a Israel, a la casa de Aarón y a «los que teméis a Jehová» Salmos 115:11, que algunos intérpretes leen como una referencia a los gentiles que adoraban a Dios.

Cornelio

El caso más detallado es el de Cornelio, centurión de la cohorte llamada Italiana, destinado en Cesarea. Hechos lo describe como «piadoso y temeroso de Dios con toda su casa», que daba muchas limosnas al pueblo y oraba siempre Hechos 10:1-2. Sus mensajeros lo presentan a Pedro como hombre justo, temeroso de Dios y «que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos» Hechos 10:22. Su conversión, con el Espíritu descendiendo sobre gentiles incircuncisos, es el punto de inflexión del libro.

Los evangelios cuentan un caso parecido, aunque sin usar la expresión: otro centurión, en Capernaum, de quien los ancianos judíos dicen que «ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga» Lucas 7:2-5.

Los primeros en escuchar

En los viajes de Pablo, los temerosos de Dios aparecen una y otra vez. En Antioquía de Pisidia, Pablo se dirige en la sinagoga a los israelitas «y los que teméis a Dios» Hechos 13:16, y repite el saludo más adelante Hechos 13:26; al terminar, muchos judíos y «prosélitos piadosos» lo siguen Hechos 13:43. En Filipos, Lidia, vendedora de púrpura, «adoraba a Dios» Hechos 16:14; en Tesalónica creen «de los griegos piadosos gran número» Hechos 17:4; en Atenas, Pablo discute en la sinagoga con los judíos y los piadosos Hechos 17:17; y en Corinto se instala en casa de Justo, «temeroso de Dios», junto a la sinagoga Hechos 18:7.

Para ellos, el mensaje de Pablo resolvía una situación incómoda: podían pertenecer plenamente al pueblo de Dios sin circuncidarse. Eso explica también por qué la predicación de Pablo provocaba tensiones en las sinagogas: se llevaba a sus simpatizantes gentiles.

Aparece en

10 fichas de eLogos usan este término: