En las cortes de los reyes
En las cortes de Asiria, Persia o Egipto, los reyes confiaban ciertos puestos a hombres castrados: no podían formar una dinastía propia ni ser una amenaza para el harén. Por eso llegaban a cargos de mucha confianza. En el libro de Ester, las jóvenes reunidas para el rey quedan al cuidado de «Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres» Ester 2:3, y Ester se gana su favor siguiendo sus consejos Ester 2:14-15. En Babilonia, Daniel y sus compañeros son entregados al «jefe de los eunucos», que les cambia el nombre Daniel 1:3-7.
Uno de esos eunucos salva la vida de un profeta. Ebed-melec, etíope, eunuco de la casa del rey Sedequías, pide al rey que saquen a Jeremías de la cisterna donde lo habían echado para que muriera, y lo saca con cuerdas y trapos viejos Jeremías 38:7-13.
Excluidos y luego acogidos
La ley de Deuteronomio excluía de la asamblea de Jehová al hombre mutilado de sus órganos Deuteronomio 23:1. Era una cuestión de integridad física en el ámbito del culto.
Isaías anuncia un cambio. En el futuro, el extranjero y el eunuco no deben decir que Dios los ha apartado de su pueblo: a los eunucos que guarden el sábado y abracen el pacto, Dios les dará «lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá» Isaías 56:3-5. A quien no podía tener hijos que mantuvieran su nombre, Dios le promete un nombre eterno.
El eunuco etíope
En Hechos, ese anuncio de Isaías parece hacerse realidad. Un ángel envía a Felipe al camino de Jerusalén a Gaza, donde viaja en su carro un etíope, «eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros». Había ido a Jerusalén a adorar y, de regreso, leía en voz alta al profeta Isaías. Felipe le explica el pasaje y le anuncia a Jesús, y al llegar a un lugar con agua el eunuco pregunta: «¿qué impide que yo sea bautizado?». Felipe lo bautiza, y el etíope sigue «gozoso su camino» Hechos 8:26-39.
Un hombre que, por ser extranjero y eunuco, habría quedado al margen del culto del templo, es acogido sin reservas en la comunidad de Jesús. Lucas lo cuenta antes de la conversión de Cornelio.
«Eunucos por causa del reino»
Jesús usa la palabra en sentido figurado. Ante la reacción de los discípulos a su enseñanza sobre el divorcio, dice que hay eunucos que nacieron así, otros que fueron hechos así por los hombres, «y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba» Mateo 19:12. Casi todos los intérpretes entienden la tercera categoría como quienes renuncian voluntariamente al matrimonio para dedicarse al reino.