Casi ausentes del Antiguo Testamento
El Antiguo Testamento apenas habla de demonios. Cuando usa la palabra shedim, se refiere a los dioses de otros pueblos: Israel «sacrificó a los demonios, y no a Dios; a dioses que no habían conocido» Deuteronomio 32:17, e incluso sacrificó a sus hijos a ellos Salmos 106:37. La Ley prohíbe ofrecer sacrificios a los «demonios», una palabra que significa literalmente «machos cabríos» y que designaba seres del desierto Levítico 17:7.
Lo que más se acerca a un espíritu maligno que actúa sobre una persona es el «espíritu malo de parte de Jehová» que atormenta a Saúl 1 Samuel 16:14, y el texto lo presenta bajo el control de Dios.
En los evangelios
Los evangelios sinópticos presentan la expulsión de demonios como una de las actividades centrales de Jesús. En su primer acto público según Marcos, en la sinagoga de Capernaum, un hombre con un espíritu inmundo grita, y Jesús lo hace callar y salir; la gente se asombra de que «con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen» Marcos 1:23-27. En la región de los gadarenos libera a un hombre poseído por una «legión» Marcos 5:1-13.
Los demonios, en los relatos, son los primeros en reconocer quién es Jesús, y él les impone silencio. Santiago lo recuerda con ironía: «también los demonios creen, y tiemblan» Santiago 2:19.
Beelzebú y el hombre fuerte
Los escribas de Jerusalén explican los exorcismos de Jesús diciendo que tiene a Beelzebú y echa los demonios por el príncipe de los demonios. Jesús responde con una parábola: nadie puede saquear la casa del hombre fuerte si antes no lo ata Marcos 3:22-27. Los exorcismos son señal de que alguien más fuerte ha llegado: «si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios» Mateo 12:28.
Los discípulos y la iglesia
Jesús da a sus discípulos autoridad sobre los demonios; ellos vuelven gozosos de que se les sujeten, y él les dice que se alegren más bien de que sus nombres están escritos en los cielos Lucas 10:17-20. En Hechos, Pablo libera en Filipos a una esclava con espíritu de adivinación Hechos 16:16-18, y en Éfeso unos exorcistas judíos que usan el nombre de Jesús como fórmula mágica acaban malparados Hechos 19:13-16.
Pablo relaciona los demonios con la idolatría, como el Antiguo Testamento: el ídolo no es nada, pero lo que los paganos sacrifican, «a los demonios lo sacrifican, y no a Dios» 1 Corintios 10:19-21.