Cuando el campamento se pone en marcha desde el Sinaí, el arca va por delante, tres días de camino, buscando dónde acampar Números 10:33. Moisés tiene una fórmula para cuando arranca —que Dios se levante y se dispersen sus enemigos— y otra para cuando se detiene: que vuelva a los millares de Israel Números 10:35-36.
Que vaya delante no la convierte en un salvoconducto. Después del informe de los espías, el pueblo se arrepiente tarde y decide subir a la montaña por su cuenta; Moisés les avisa que Dios no está con ellos, y ni él ni el arca se mueven del campamento. Suben de todos modos y los derrotan Números 14:44-45.
Al llegar al Jordán el río va crecido, desbordado como en todo el tiempo de la siega Josué 3:15. Los sacerdotes cargan el arca y el pueblo debe mantenerse a distancia, unos dos mil codos, para saber por dónde ir Josué 3:3-4. En cuanto los pies de los que la llevan tocan el agua, la corriente se detiene río arriba, y el pueblo cruza en seco mientras ellos esperan firmes en medio del cauce Josué 3:16-17.
Obra de arte
En Jericó el arca rodea la ciudad una vez al día durante seis días, con siete sacerdotes tocando bocinas delante de ella Josué 6:3-4, y siete veces el día séptimo, tras lo cual el muro se viene abajo Josué 6:15-20. Poco después, cuando Israel es derrotado en Hai por el pecado de Acán, Josué rasga sus vestiduras y cae a tierra delante del arca hasta la tarde Josué 7:6. El texto no le atribuye al objeto una fuerza propia: la victoria y la derrota dependen de si Dios va con ellos.