Una vez al año, en el día de la expiación, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo —el
único que podía hacerlo para el culto, y solo ese día— y rociaba sangre sobre el propiciatorio y delante de él
Levítico 16:2Levítico 16:14-16. Ahí se juntaban, en un mismo
punto, la presencia, la santidad, la sangre y el perdón. Todo lo que sigue es lectura, no
relato, y va marcado como tal.
Sobre el arca «era invocado el Nombre» de Jehová, «que mora entre los querubines» 2 Samuel 6:2. El punto de la presencia no era una imagen, sino un Nombre y una gloria. Esa misma presencia se hace visible en Jesús: el Verbo «fue hecho carne y habitó entre nosotros» —el verbo evoca poner la tienda— y en él se vio la gloria Juan 1:14; en él «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9. El que moraba entre los querubines y el que se manifestó en Jesús no son dos: es el mismo y único Dios de Israel Deuteronomio 6:4, cuyo Nombre se invocaba sobre el arca, «manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16.
Estás aquíLv 16 · Arca de la AlianzaEl propiciatorio del arca en el día de la Expiación
Una vez al año, en el día de la expiación, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo —el único que podía hacerlo para el culto, y solo ese día— y rociaba sangre sobre el propiciatorio y delante de él.