Después de una derrota, los ancianos de Israel mandan traer el arca desde Silo al campo de batalla, convencidos de que con ella en medio se salvarán 1 Samuel 4:3-4. Sale al revés: Israel pierde, mueren los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, y el arca cae en manos de los filisteos 1 Samuel 4:10-11. Al oír la noticia, Elí cae de su silla y muere 1 Samuel 4:18, y su nuera, que da a luz ese mismo día, llama al niño Icabod: la gloria se ha ido de Israel 1 Samuel 4:19-22.
Los filisteos la colocan en el templo de Dagón, en Asdod, como trofeo. A la mañana siguiente la estatua del dios aparece caída de bruces delante del arca; la vuelven a poner en su sitio, y al otro día está otra vez en el suelo, con la cabeza y las manos cortadas en el umbral 1 Samuel 5:1-4. La ciudad se llena de tumores; la llevan a Gat, luego a Ecrón, y la plaga la sigue 1 Samuel 5:6-12.
A los siete meses deciden devolverla 1 Samuel 6:1. La ponen en un carro nuevo tirado por dos vacas que están criando, con los becerros encerrados en casa: si las vacas se alejan de sus crías y tiran hacia Bet-semes, será la prueba de que el mal venía del Dios de Israel y no del azar 1 Samuel 6:7-9. Las vacas van derecho por el camino, mugiendo, sin apartarse 1 Samuel 6:12.
Obra de arte
En Bet-semes mueren hombres por mirar dentro del arca; la cifra depende del manuscrito 1 Samuel 6:19. Los del lugar preguntan quién puede estar delante de un Dios tan santo, y mandan que se la lleven 1 Samuel 6:20. De allí la suben a Quiriat-jearim, a casa de Abinadab, cuyo hijo Eleazar queda consagrado para guardarla 1 Samuel 7:1. El texto cuenta veinte años hasta que Samuel reúne al pueblo en Mizpa 1 Samuel 7:2-5, pero el arca sigue allí después: David recordará que en tiempos de Saúl nadie se ocupó de ella 1 Crónicas 13:3, y es de esa casa de donde la saca para subirla a Jerusalén 2 Samuel 6:3. En total, varias décadas (salvo que saliera un momento con Saúl, según cómo se lea 1 Samuel 14:18, donde la traducción griega antigua dice «efod» en lugar de «arca»).