Salomón la instala en el lugar santísimo del templo, bajo las alas de dos querubines nuevos
1 Reyes 8:6-7, tallados en madera de olivo y de diez codos de alto
1 Reyes 6:23. Las varas son tan largas que sus puntas se ven desde el lugar
santo, y el narrador comenta que así siguen «hasta hoy» 1 Reyes 8:8. Una nube
llena la casa y los sacerdotes no pueden quedarse a ministrar 1 Reyes 8:10-11.
Es la misma escena del desierto, cuando la gloria llenó el tabernáculo recién armado
Éxodo 40:34-35: el arca es el hilo que enlaza el Sinaí, Silo y Jerusalén.
Después el relato casi no vuelve a nombrarla. Siglos más tarde, el rey Josías ordena ponerla
en la casa que edificó Salomón, lo que da a entender que en algún momento la habían sacado de
allí 2 Crónicas 35:3. Cuando los babilonios saquean y destruyen el templo en
587/586 a.C., la lista de lo que se llevan detalla columnas, basas y utensilios de bronce, oro y
plata, y el arca no aparece en ella 2 Reyes 25:13-17. Jeremías había anunciado
un tiempo en que nadie la echaría de menos ni se haría otra Jeremías 3:16.