Cada año, Elcana sube de Ramá a Silo para adorar y ofrecer sacrificios a Jehová. Allí están los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová 1 Samuel 1:3. Una de las mujeres de Elcana, Ana, no tiene hijos, y su rival la humilla por ello 1 Samuel 1:4-8. Ver Silo.
Elí está sentado en una silla junto a un pilar del templo cuando Ana entra a orar. Ella promete que, si Dios le da un hijo varón, lo dedicará a Jehová todos los días de su vida. Ora en su corazón: se le mueven los labios, pero no se oye su voz, y Elí la toma por ebria: «¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino» 1 Samuel 1:9-14. Ana le explica que no ha bebido, que es una mujer atribulada que ha derramado su alma delante de Jehová. Elí cambia de tono: «Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho» 1 Samuel 1:15-18.
Su papel dentro de la Biblia
Elí es la figura de transición entre los jueces y la monarquía. Con él termina el santuario de Silo como centro de Israel y empieza la historia de Samuel, el profeta que ungirá a los dos primeros reyes. Su caída muestra la idea que recorre los libros de Samuel: Dios aparta a los que se sirven de lo sagrado y levanta a otros. Siglos después, Jeremías recordará la ruina de Silo como advertencia para el templo de Jerusalén Jeremías 7:12-14.
La sentencia contra su casa se cumple en varias etapas: la muerte de sus hijos, la matanza de los sacerdotes de Nob, que eran muy probablemente descendientes suyos 1 Samuel 22:11-19, y la destitución de Abiatar, el único que escapó, cuando Salomón lo expulsa del sacerdocio 1 Reyes 2:26-27. El linaje de Elí aparece en el texto en una línea: Ahías, sacerdote en tiempos de Saúl, era hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí 1 Samuel 14:3.