En la época en que «no había rey en Israel», un hombre de los montes de Efraín llamado Micaía tiene en su casa un santuario, hace un efod y terafines, y consagra a uno de sus hijos como sacerdote Jueces 17:5-6. Después toma como sacerdote a un joven levita Jueces 17:10-12. Cuando los espías de la tribu de Dan pasan por allí buscando tierra, el levita les consulta a Dios y les anuncia que el viaje irá bien Jueces 18:5-6.
Al volver con seiscientos hombres armados, los danitas entran en la casa de Micaía y se llevan la imagen, el efod y los terafines; al levita le ofrecen ser sacerdote de una tribu entera en lugar del de una sola casa, y él se va con ellos llevando el efod Jueces 18:14-20. En Dan instalan la imagen y un sacerdocio propio, que dura «todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo» Jueces 18:30-31.