En Jerusalén, los apóstoles y los ancianos acaban de decidir que los creyentes no judíos no tienen que circuncidarse ni cargar con toda la ley de Moisés. Para comunicarlo, envían a Antioquía con Pablo y Bernabé a dos «varones principales entre los hermanos»: Judas, llamado Barsabás, y Silas, con una carta Hechos 15:22-23. La carta los presenta como testigos de palabra: ellos os harán saber lo mismo Hechos 15:27. Ver Bernabé y Antioquía.
En Antioquía la lectura de la carta produce alegría. Judas y Silas, que también eran profetas, consuelan y confirman a los hermanos con abundancia de palabras Hechos 15:30-32. Pasado un tiempo, los despiden en paz Hechos 15:33, y la Reina-Valera añade un versículo que falta en muchos manuscritos: «Mas a Silas le pareció bien el quedarse allí» Hechos 15:34. Ver profeta.
Su papel dentro de la Biblia
Silas une dos mundos de la iglesia del siglo I: la comunidad de Jerusalén, de la que era dirigente y profeta, y la misión de Pablo entre las naciones. Su presencia en el segundo viaje lleva el respaldo de Jerusalén a las iglesias de Macedonia y Grecia, las primeras de Europa. La escena de la cárcel de Filipos, con los dos misioneros cantando de noche, es una de las más recordadas de Hechos.