Abdeel no actúa: se lo nombra una sola vez, y para identificar a su hijo Jeremías 36:26.
La escena es de las más duras del libro de Jeremías. Baruc había escrito en un rollo las palabras que el profeta le dictó y se habían leído en el templo; el rollo llegó hasta el rey Joacim, que lo hizo leer en su presencia mientras se calentaba junto a un brasero, y fue cortando con un cortaplumas las columnas ya leídas y echándolas al fuego hasta consumirlo entero Jeremías 36:21-23. Ni el rey ni sus siervos se alarmaron Jeremías 36:24. Acto seguido, Joacim mandó a tres hombres —Jerameel, Seraías y Selemías hijo de Abdeel— a prender al escriba y al profeta; el relato cierra ese intento con una frase breve: no los encontraron, porque Jehová los había escondido Jeremías 36:26.