Miqueas es el profeta del campo en una época de profetas de la ciudad. Venía de Moreset, un pueblo de la Sefela, las colinas bajas que separan la llanura filistea de la serranía de Judá, a unos treinta y cinco kilómetros al suroeste de Jerusalén Miqueas 1:1. El libro no nombra a su padre: lo identifica su pueblo, Miqueas «de Moreset». Vivió en los mismos años que Isaías, pero mientras este hablaba desde la corte, Miqueas denuncia sobre todo a los poderosos que dejaban sin tierra a los pequeños propietarios Miqueas 2:2.
El centro de la denuncia de Miqueas es la tierra. ¡Ay de los que en sus camas planean la maldad y la ejecutan al amanecer porque tienen el poder! Codician campos y los roban, casas y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad Miqueas 2:1-2. La palabra es la misma que designa la parte de la tierra de cada familia, la que según la ley no debía salir de ella.
A los jefes de Jacob les recuerda que su oficio era conocer el derecho, y los describe con una imagen brutal: arrancan la piel a su pueblo y le rompen los huesos como carne para la olla Miqueas 3:1-3. Los profetas de su tiempo no lo ayudan: anuncian paz a quien les da de comer y declaran la guerra a quien no les llena la boca Miqueas 3:5. Si alguien profetizara sobre vino y sidra, ese sería el profeta de este pueblo Miqueas 2:11. Frente a ellos, Miqueas afirma su propia autoridad: está lleno del Espíritu de Jehová, de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión Miqueas 3:8.
La consecuencia la anuncia en la frase más famosa del libro. Los jefes juzgan por soborno, los sacerdotes enseñan por precio y los profetas adivinan por dinero, y todavía dicen: ¿no está Jehová entre nosotros? Por eso, por culpa de ellos, Sion será arada como un campo, Jerusalén será un montón de ruinas y el monte del templo, un bosque Miqueas 3:11-12.
Un siglo después: la palabra que salvó a Jeremías
El libro de Jeremías conserva un recuerdo de Miqueas que su propio libro no cuenta. Hacia 609 a.C., cuando los sacerdotes y los profetas pedían la muerte de Jeremías por haber anunciado la destrucción del templo, algunos ancianos se levantaron a recordar un precedente: Miqueas de Moreset había dicho en tiempos de Ezequías que Sion sería arada como un campo, y el rey no lo mató, sino que temió a Jehová y oró, y Dios se arrepintió del mal que había anunciado Jeremías 26:17-19. La cita coincide palabra por palabra con Miqueas 3:12, y añade lo que pasó después: que el anuncio provocó el arrepentimiento de Ezequías y que por eso el castigo se aplazó. Es uno de los pocos casos en que la Biblia muestra cómo se recordaba y se usaba la palabra de un profeta un siglo después.
Cómo lo recuerda la Biblia
Además de Belén, el Nuevo Testamento toma de Miqueas una frase sobre la familia dividida —el hijo contra el padre, la hija contra la madre, los enemigos del hombre son los de su casa—, que Jesús aplica a lo que provocará su mensaje Miqueas 7:6 Mateo 10:35-36.
El libro termina con una pregunta que parece jugar con el nombre del profeta: ¿qué Dios como tú, que perdona la maldad y olvida el pecado? Echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados Miqueas 7:18-19.