Miqueas es el profeta del campo en una época de profetas de la ciudad. Venía de Moreset, un pueblo de la Sefela, las colinas bajas que separan la llanura filistea de la serranía de Judá, a unos treinta y cinco kilómetros al suroeste de Jerusalén Miqueas 1:1. El libro no nombra a su padre: lo identifica su pueblo, Miqueas «de Moreset». Vivió en los mismos años que Isaías, pero mientras este hablaba desde la corte, Miqueas denuncia sobre todo a los poderosos que dejaban sin tierra a los pequeños propietarios Miqueas 2:2.
El capítulo 6 es un juicio en el que los montes son testigos. Dios pregunta a su pueblo en qué lo ha molestado, y le recuerda lo que hizo: lo sacó de Egipto, lo redimió de la casa de servidumbre y envió delante de él a Moisés, Aarón y María Miqueas 6:1-5.
El pueblo responde con una escalada de ofertas: ¿se presentará ante Dios con holocaustos, con becerros de un año, con miles de carneros, con diez mil ríos de aceite? ¿Dará a su primogénito por su rebelión? Miqueas 6:6-7 La respuesta del profeta desmonta la pregunta: ya se te ha declarado lo que es bueno y lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios Miqueas 6:8.
Un siglo después: la palabra que salvó a Jeremías
El libro de Jeremías conserva un recuerdo de Miqueas que su propio libro no cuenta. Hacia 609 a.C., cuando los sacerdotes y los profetas pedían la muerte de Jeremías por haber anunciado la destrucción del templo, algunos ancianos se levantaron a recordar un precedente: Miqueas de Moreset había dicho en tiempos de Ezequías que Sion sería arada como un campo, y el rey no lo mató, sino que temió a Jehová y oró, y Dios se arrepintió del mal que había anunciado Jeremías 26:17-19. La cita coincide palabra por palabra con Miqueas 3:12, y añade lo que pasó después: que el anuncio provocó el arrepentimiento de Ezequías y que por eso el castigo se aplazó. Es uno de los pocos casos en que la Biblia muestra cómo se recordaba y se usaba la palabra de un profeta un siglo después.
Cómo lo recuerda la Biblia
Además de Belén, el Nuevo Testamento toma de Miqueas una frase sobre la familia dividida —el hijo contra el padre, la hija contra la madre, los enemigos del hombre son los de su casa—, que Jesús aplica a lo que provocará su mensaje Miqueas 7:6 Mateo 10:35-36.
El libro termina con una pregunta que parece jugar con el nombre del profeta: ¿qué Dios como tú, que perdona la maldad y olvida el pecado? Echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados Miqueas 7:18-19.