Una lengua de Canaán
El hebreo pertenece a la familia de las lenguas semíticas, y dentro de ella, al grupo cananeo: sus parientes más cercanos son el fenicio y el moabita, las lenguas de los pueblos vecinos de Israel. Isaías, al imaginar ciudades de Egipto que se vuelven a Jehová, dice que hablarán «la lengua de Canaán» Isaías 19:18: así llama el profeta a su propio idioma.
En la corte de Judá se hablaba de «la lengua de Judá» o «judaico». Cuando el ejército asirio llega a Jerusalén, los ministros del rey Ezequías piden al copero mayor asirio que les hable en arameo, la lengua diplomática, y no en judaico, para que no lo entienda el pueblo que escucha desde la muralla; el asirio responde gritando precisamente en judaico 2 Reyes 18:26-28. Siglos después, Nehemías se indigna porque los hijos de matrimonios mixtos ya no saben hablar judaico Nehemías 13:23-24.
Cómo es
El hebreo bíblico se escribe de derecha a izquierda. Su alfabeto tiene veintidós letras, todas consonantes. Las palabras se construyen sobre raíces de tres consonantes que llevan el significado básico —k-t-b, por ejemplo, tiene que ver con escribir—, y las vocales y los prefijos modulan ese sentido. Por eso muchas entradas de este glosario explican el significado de una palabra a partir de su raíz y la relacionan con otras de la misma familia.
Tiene rasgos que las traducciones apenas dejan ver: el verbo no marca el tiempo como el castellano, sino el aspecto (acción acabada o en curso); la poesía se basa en el paralelismo, decir dos veces lo mismo con palabras distintas; y abundan los juegos de palabras con los nombres propios, que la Biblia explica una y otra vez («la llamó Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes» Génesis 3:20).
Las vocales que llegaron tarde
Durante siglos, el texto bíblico se copió solo con consonantes; el lector sabía cómo pronunciarlo. Entre los siglos VII y X d.C., unos escribas judíos llamados masoretas, sobre todo en Tiberíades, añadieron un sistema de puntos y rayas para indicar las vocales, los acentos y la entonación de la lectura en la sinagoga. El texto así fijado, llamado texto masorético, es la base de las Biblias hebreas actuales y de las traducciones modernas del Antiguo Testamento, incluida la Reina-Valera.
Algunas palabras pueden leerse de dos maneras según las vocales que se les pongan; cuando eso afecta al sentido, las entradas del glosario lo señalan.
En el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento está escrito en griego, pero el hebreo aparece de fondo. Pablo habla a la multitud de Jerusalén «en lengua hebrea» Hechos 21:40, y cuenta que Jesús le habló en el camino de Damasco «en lengua hebrea» Hechos 26:14. En estos pasajes muchos estudiosos piensan que «hebreo» designa en realidad el arameo, la lengua hablada de los judíos de la época; el griego del Nuevo Testamento no distingue siempre entre las dos.