Isaac, viejo y casi ciego, llama a Esaú y le pide que salga a cazar y le prepare un guiso, para bendecirlo antes de morir Génesis 27:1-4. Mientras Esaú está en el campo, Rebeca disfraza a Jacob con la ropa de su hermano y le cubre las manos y el cuello con piel de cabrito, y Jacob se lleva la bendición Génesis 27:5-29.
Esaú vuelve con la caza preparada. Cuando Isaac comprende lo ocurrido, se estremece, pero no retira lo dicho: «lo bendije, y será bendito». Esaú clama con una exclamación grande y muy amarga y le pide: «Bendíceme también a mí, padre mío» Génesis 27:30-34. Acusa a su hermano con un juego de palabras sobre su nombre: «Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces», la primogenitura y ahora la bendición Génesis 27:35-36. Insiste: «¿No tienes más que una sola bendición, padre mío?», y llora a gritos Génesis 27:38.
La palabra que recibe empieza de forma ambigua: el hebreo puede entenderse como una morada «en» la grosura de la tierra, como traduce la Reina-Valera, o «lejos» de ella, como leen muchas traducciones modernas. El resto es claro: vivirá de su espada y servirá a su hermano, pero llegará el día en que descargue su yugo Génesis 27:39-40. Esaú aborrece a Jacob y piensa: cuando llegue el luto por mi padre, mataré a mi hermano Génesis 27:41.
Su papel dentro de la Biblia
Esaú es la otra mitad de la historia de Jacob. A través de él, el Génesis explica por qué Israel y Edom, pueblos hermanos, vivieron siglos de rivalidad: la primogenitura vendida, la bendición perdida, la amenaza de muerte y el reencuentro. La Biblia no lo convierte en un villano. Le da lágrimas, generosidad y una descendencia numerosa con reyes propios, y la ley de Israel lo recuerda como hermano: Israel no debía conquistar Seir, que Dios había dado a Esaú Deuteronomio 2:4-5, y «no aborrecerás al edomita, porque es tu hermano» Deuteronomio 23:7.
Cómo lo recuerdan después
La rivalidad entre los dos pueblos se agrava con el tiempo. Cuando Edom se alegra de la caída de Jerusalén y se suma al saqueo, el profeta Abdías lo acusa «por la injuria a tu hermano Jacob» Abdías 1:10-11. Malaquías abre su libro con una frase que hará historia: «Amé a Jacob, y a Esaú aborrecí» Malaquías 1:2-3. Ver Abdías y Malaquías.
En el Nuevo Testamento, Pablo cita esa frase junto con el oráculo de Rebeca para explicar que la elección de Dios no depende de las obras, porque fue anunciada antes de que los gemelos hicieran bien o mal Romanos 9:10-13. La carta a los Hebreos lo pone como advertencia: que nadie sea profano como Esaú, que por una comida vendió su primogenitura y después, aunque buscó la bendición con lágrimas, no halló oportunidad de cambiarla Hebreos 12:16-17. La misma carta recuerda que Isaac bendijo por la fe a Jacob y a Esaú Hebreos 11:20.