En el Antiguo Testamento
De Moisés se dice que era «muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra» Números 12:3. Proverbios lo formula como ley de la vida: «Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu» Proverbios 16:18. Miqueas resume lo que Dios pide: «solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios» Miqueas 6:8.
La palabra hebrea para «humilde» es la misma que para «pobre»: los humildes son a menudo los que no tienen poder, y Dios aparece como su defensor (véase pobres). María lo canta: Dios «quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes» Lucas 1:52.
En la enseñanza de Jesús
Jesús invierte las jerarquías: «cualquiera que se enaltece, será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Lo ilustra con el fariseo que da gracias por no ser como los demás y el publicano que no se atreve a alzar los ojos; este último vuelve a su casa justificado Lucas 18:9-14. En la última cena lava los pies a sus discípulos y les pide que hagan lo mismo Juan 13:14-15.
El ejemplo de Cristo
Pablo pide a los filipenses que cada uno estime a los demás «como superiores a él mismo», y lo fundamenta en un himno: Cristo, siendo en forma de Dios, «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo», y «se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» Filipenses 2:3-8.