Libros que se reconocen
La Biblia no nació como un libro. Sus textos se escribieron a lo largo de más de mil años y fueron reconocidos como Escritura poco a poco. El propio Antiguo Testamento muestra momentos de ese proceso: Moisés entrega el libro de la ley a los levitas para que se guarde junto al arca Deuteronomio 31:24-26; en tiempos de Josías, un libro de la ley hallado en el templo provoca una reforma 2 Reyes 22:8-11; tras el exilio, Esdras lee la ley ante todo el pueblo Nehemías 8:1-3.
Ley, Profetas y Escritos
La Biblia hebrea se divide en tres partes: la Torá (los cinco libros de Moisés), los Profetas (que incluyen también Josué, Jueces, Samuel y Reyes) y los Escritos (Salmos, Proverbios, Job, Daniel, Crónicas y otros). De las iniciales hebreas de las tres viene el nombre judío de la Biblia, Tanaj. Jesús, resucitado, habla de lo escrito «en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos» Lucas 24:44, y los Salmos son el primer libro de los Escritos.
La Septuaginta y los libros de más
Los judíos de habla griega leían la Septuaginta, que incluía algunos libros ausentes de la Biblia hebrea: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico (Sirácida), Baruc, 1 y 2 Macabeos, y añadidos a Ester y Daniel. Los primeros cristianos usaron sobre todo esa Biblia griega. Por eso las iglesias católica y ortodoxa conservan esos libros —los llaman deuterocanónicos—, mientras que las iglesias de la Reforma, en el siglo XVI, volvieron a la lista hebrea y los llamaron apócrifos. La Iglesia católica fijó su lista de manera definitiva en el Concilio de Trento (1546).
El Nuevo Testamento
Los escritos cristianos empezaron a circular pronto: Pablo pide que una carta suya se lea también en otra iglesia Colosenses 4:16, y la segunda carta de Pedro pone las cartas de Pablo junto a «las otras Escrituras» 2 Pedro 3:15-16. Cuando el Nuevo Testamento habla de «las Sagradas Escrituras» que hacen sabio para la salvación, se refiere sobre todo al Antiguo Testamento 2 Timoteo 3:15-16.
Durante el siglo II, los cuatro evangelios y las cartas de Pablo ya se reconocían ampliamente. Otros libros se discutieron más tiempo —Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas, Apocalipsis—. La lista de 27 libros que usan hoy casi todas las iglesias aparece por primera vez completa en una carta de Atanasio de Alejandría del año 367, y la confirmaron sínodos africanos a fines del siglo IV.