Por qué hizo falta una Biblia latina
En el siglo IV, la Iglesia de Occidente ya no hablaba griego, sino latín. Existían traducciones latinas de la Biblia, pero eran muchas, hechas por distintas personas y con muchas diferencias entre sí; hoy se las llama en conjunto Vetus Latina, «la antigua latina». Su Antiguo Testamento, además, no venía del hebreo, sino de la Septuaginta griega.
En 382, el papa Dámaso encargó a Jerónimo, un erudito que sabía griego y había aprendido hebreo, que revisara los evangelios latinos. Jerónimo terminó esa revisión en 384. Después, instalado en Belén, hizo algo más ambicioso: tradujo de nuevo el Antiguo Testamento directamente del hebreo, entre los años 390 y 405 aproximadamente. A ese regreso al original lo llamó volver a la hebraica veritas, «la verdad hebrea».
La Vulgata no es toda de Jerónimo: algunos libros del Nuevo Testamento y varios deuterocanónicos se tomaron de las traducciones latinas anteriores con pocos retoques.
Mil años de Biblia latina
La traducción de Jerónimo se impuso poco a poco y, desde la Edad Media, fue la Biblia de Occidente. En 1546, el Concilio de Trento la declaró la versión auténtica para la enseñanza en la Iglesia católica, y en 1592 se publicó una edición oficial, la Sixto-Clementina. En 1979 la Iglesia católica publicó una revisión, la Nova Vulgata, corregida según los textos originales.
Su influencia está en el vocabulario. Palabras como «testamento», «sacramento», «justificación», «redención» o «Escritura» llegaron al español a través del latín de la Vulgata.
Dos traducciones que dejaron huella
Los cuernos de Moisés. Cuando Moisés baja del Sinaí, el hebreo dice que «la piel de su rostro resplandecía» Éxodo 34:29-30. El verbo hebreo (qarán, «brillar, emitir rayos») tiene las mismas consonantes que la palabra «cuerno» (qéren), y Jerónimo tradujo cornuta: «su rostro tenía cuernos». Por eso muchas imágenes medievales y renacentistas, como el Moisés de Miguel Ángel, lo representan con cuernos.
Lucifer. En su burla contra el rey de Babilonia, Isaías dice: «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!» Isaías 14:12. Jerónimo tradujo «lucero» con la palabra latina lucifer, «portador de luz», el nombre común del planeta Venus al amanecer. Con el tiempo, la interpretación cristiana que aplicó el pasaje a la caída de Satanás convirtió esa palabra en un nombre propio del diablo. En el texto de Isaías, sin embargo, se trata de un rey humano.