Santuarios en cada ciudad
Durante siglos, lo normal en Israel fue ofrecer sacrificios en santuarios locales. El texto lo registra sin escándalo en la época de Samuel: cuando Saúl busca al vidente, lo encuentra a punto de subir a bendecir el sacrificio «en el lugar alto» de su ciudad 1 Samuel 9:12-14. Y Salomón, al comenzar su reinado, va a Gabaón «porque aquel era el lugar alto principal», y allí Dios se le aparece en sueños. El narrador lo explica: el pueblo sacrificaba en los lugares altos «porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos» 1 Reyes 3:2-4.
Un solo lugar
Deuteronomio cambia la perspectiva. Manda destruir los lugares donde las naciones servían a sus dioses, «sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso», y ordena ofrecer los holocaustos solo en «el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere» Deuteronomio 12:2-14. Una vez construido el templo, los lugares altos pasan a ser, desde esta óptica, ilegítimos, aunque en ellos se adorara a Jehová.
La vara de medir de los reyes
Los libros de Reyes aplican ese criterio con constancia. Jeroboam, en el norte, «hizo también casas sobre los lugares altos» y puso sacerdotes que no eran levitas 1 Reyes 12:31. En Judá, incluso de los reyes buenos se dice a menudo que hicieron lo recto, «con todo eso, los lugares altos no se quitaron» 1 Reyes 15:14. Ezequías es el primero en quitarlos 2 Reyes 18:4; Manasés los reconstruye 2 Reyes 21:3; Josías los profana desde Geba hasta Beerseba 2 Reyes 23:8.