Tras la rebelión de Coré, Datán y Abiram, doscientos cincuenta hombres que habían pretendido ofrecer incienso como sacerdotes mueren consumidos por el fuego. Sus incensarios de bronce quedan en medio del incendio, y Dios ordena a Eleazar que los recoja: aunque pertenecieron a rebeldes, se ofrecieron ante Jehová y han quedado santificados. Se baten en planchas y con ellas se cubre el altar, como señal para Israel de que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón se acerque a ofrecer incienso Números 16:36-40.
El altar, además de su función, se convierte así en memoria: quien lo miraba veía el bronce de una rebelión contra el sacerdocio.
Obra de arte