Los cuernos del altar tenían un uso que no aparece en las instrucciones de construcción. La ley del Sinaí lo presupone: al que mate a otro con alevosía, «de mi altar lo quitarás para que muera» Éxodo 21:14. El altar podía proteger al que se refugiaba en él, pero no al asesino deliberado.
Dos escenas del comienzo del reinado de Salomón lo muestran. Adonías, que había intentado hacerse rey, huye al saber que Salomón ha sido ungido y se agarra a los cuernos del altar; solo los suelta cuando Salomón jura que no morirá si se porta bien 1 Reyes 1:50-53. Poco después, Joab, general de David y partidario de Adonías, huye al tabernáculo y se agarra también a los cuernos. Se niega a salir: «No, sino que aquí moriré». Salomón ordena matarlo allí mismo, recordando las muertes de Abner y Amasa que Joab había causado 1 Reyes 2:28-34: era precisamente el caso que la ley de Éxodo excluía del asilo.
1 Reyes no dice qué altar era. El de Bezaleel estaba entonces en Gabaón 1 Crónicas 21:29, y Joab huye al «tabernáculo de Jehová», que en Jerusalén era la tienda levantada por David para el arca 2 Samuel 6:17. Lo más probable es que se agarraran al altar de esa tienda.