El episodio más extraño ocurre en el siglo VIII a. C., y ya no con el altar de Bezaleel, sino con el altar de bronce del templo de Salomón. El rey Acaz de Judá va a Damasco a presentarse ante Tiglat-pileser, rey de Asiria, del que se ha hecho vasallo. Allí ve un altar que le gusta y envía al sacerdote Urías su diseño y su modelo, para que construya uno igual en Jerusalén 2 Reyes 16:10-11.
A su regreso, Acaz ofrece sacrificios en el altar nuevo y aparta el antiguo altar de bronce, que estaba delante de la casa de Jehová, al lado norte. Ordena que todos los sacrificios se hagan en el altar grande, el nuevo; el de bronce queda reservado para que él «consulte» 2 Reyes 16:12-16. El texto no juzga explícitamente ese detalle, pero lo cuenta dentro de un reinado que presenta como infiel 2 Reyes 16:2-4.