Cuando el templo de Salomón cae en el 587/586 a. C., los babilonios se llevan todo el bronce 2 Reyes 25:13-14. Al volver del exilio, los repatriados hacen algo significativo: antes de echar los cimientos del templo, levantan el altar sobre su antiguo lugar y reanudan los holocaustos de la mañana y de la tarde, «porque tenían miedo de los pueblos de las tierras» Esdras 3:2-6. El culto se reanuda antes que el edificio.
En el Nuevo Testamento, el altar del templo aparece en boca de Jesús. Enseña que si alguien, al presentar su ofrenda en el altar, recuerda que su hermano tiene algo contra él, deje allí la ofrenda y vaya primero a reconciliarse Mateo 5:23-24. Y critica a quienes decían que jurar por el altar no obligaba, pero sí por la ofrenda que está encima: es el altar el que santifica la ofrenda Mateo 23:18-20.