Tres veces al año
La Ley fija el ritmo: «Tres veces en el año me celebraréis fiesta» Éxodo 23:14-17. Deuteronomio precisa las tres fiestas —Pascua con los panes sin levadura, Pentecostés y Tabernáculos— y el destino: «el lugar que él escogiere». Nadie debía presentarse «con las manos vacías» Deuteronomio 16:16. Antes del templo, el santuario estaba en Silo: allí subía cada año Elcana con Ana, la madre de Samuel 1 Samuel 1:3.
Los cánticos de las subidas
Quince salmos (120–134) llevan el título «cántico gradual». Muchos piensan que los peregrinos los cantaban en el camino. El tono es el de la llegada: «Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos. Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, oh Jerusalén» Salmos 122:1-2.
Peregrinación y política
Cuando el reino se divide, Jeroboam teme que si su pueblo sigue subiendo a Jerusalén volverá su corazón al rey de Judá, y levanta santuarios en Bet-el y en Dan para evitarlo 1 Reyes 12:26-29. El viaje a Jerusalén era también un vínculo de unidad nacional.
En el Nuevo Testamento
Jesús sube a las fiestas, a veces en secreto Juan 7:10, y gran parte del evangelio de Juan transcurre en ellas. La venida del Espíritu en Pentecostés ocurre cuando Jerusalén está llena de peregrinos de toda la diáspora Hechos 2:5-11. Hebreos y la primera de Pedro usan la imagen para toda la vida del creyente, que vive como «extranjero y peregrino» camino de la ciudad que Dios prepara Hebreos 11:13.