La pregunta de Moisés
Desde la zarza, Dios encarga a Moisés sacar a Israel de Egipto. Moisés objeta que no es nadie, y Dios no le responde con argumentos, sino con una promesa: «Ve, porque yo estaré contigo» Éxodo 3:11-12. Moisés insiste: si los israelitas le preguntan cómo se llama el Dios de sus padres, ¿qué les dirá?
La respuesta llega en tres pasos Éxodo 3:14-15:
- Ehyeh asher ehyeh, «Yo soy el que soy».
- Una forma breve para el mensaje: «Así dirás a los hijos de Israel: Ehyeh me envió a vosotros», que la Reina-Valera escribe «YO SOY».
- El nombre para siempre: YHWH, Jehová, «el Dios de vuestros padres… este es mi nombre para siempre».
Ehyeh es «yo soy» dicho por Dios; YHWH suena como el mismo verbo en tercera persona, «él es». La frase explica el nombre: lo que Dios dice de sí mismo en primera persona, Israel lo dirá de él en tercera. Ver Zarza ardiente.
Tres maneras de leer la frase
El hebreo admite más de un sentido, y cada uno tiene apoyo:
- Presencia. Ehyeh es la palabra exacta de la promesa de dos versículos antes: «yo estaré [ehyeh] contigo» Éxodo 3:12. Leída así, la frase dice «estaré allí, como estaré»: Dios se da a conocer por su compañía en lo que va a hacer, no por una definición. El mismo verbo sirve para romper esa relación: «vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré [lo ehyeh] vuestro Dios» Oseas 1:9.
- Libertad. «Seré el que seré» puede entenderse también como una negativa a dejarse encerrar en un nombre manejable: Dios dice quién es, pero en sus propios términos.
- Existencia. La traducción griega antigua escribió «Yo soy el que es», y con esa versión la frase pasó a leerse como afirmación del ser de Dios.
El que existe por sí mismo
Ehyeh viene del verbo hayah, «ser» o «existir», y nombra a Dios como el Eterno: el que existe por sí mismo y da existencia a todo lo demás. Las dos formas del nombre se corresponden: cuando Dios se nombra a sí mismo, en primera persona, dice «YO SOY»; cuando el pueblo habla de él, en tercera persona, dice «ÉL ES», YHWH Éxodo 3:14-15.
La Biblia sostiene las dos mitades de esa definición. Dios no tiene principio ni lo recibe de otro: es Dios «desde el siglo y hasta el siglo» Salmos 90:2 y no cambia Malaquías 3:6. Y todo lo demás existe por él: Pablo dice en Atenas que es él quien da a todos «vida y aliento y todas las cosas», y que en él vivimos, nos movemos y somos Hechos 17:24-28.
«Yo soy» en Isaías
La segunda parte de Isaías retoma la misma manera de hablar. Dios, frente a los dioses de Babilonia, se presenta una y otra vez en primera persona: «Yo Jehová, el primero, y yo mismo con los postreros» Isaías 41:4; «para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve» Isaías 43:10-11. La traducción griega vierte ese «yo soy» con las mismas palabras, egó eimí, que después pondrá en boca de Jesús el evangelio de Juan.
En el Nuevo Testamento
El Apocalipsis llama a Dios «el que es y que era y que ha de venir», y para «el que es» usa la misma expresión griega de Éxodo 3:14 Apocalipsis 1:8. Jesús, discutiendo con los judíos en el templo, afirma: «Antes que Abraham fuese, yo soy». Los que lo oyen toman piedras para apedrearlo, porque entienden que se atribuye lo que solo Dios dice de sí Juan 8:58-59.
Ese «yo soy» no aparece solo una vez. En el mismo capítulo Jesús dice «Yo soy la luz del mundo» Juan 8:12 y advierte: «si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis» Juan 8:24; en el original no hay nada después de «yo soy», como en Isaías. Y cuando van a arrestarlo en el huerto y él responde «Yo soy», los que vienen a prenderlo retroceden y caen a tierra Juan 18:5-6.
Jesús no dice «antes que Abraham fuese, yo era», como diría alguien creado antes que Abraham, sino «yo soy»: habla como el Eterno, el que no tiene principio. El que habló a Moisés desde la zarza es el mismo que habla en Jesús: el «YO SOY» de Éxodo se hace oír en carne. Y como el nombre de Jesús, Yeshúa, significa «Jehová salva» Mateo 1:21, el YO SOY que se reveló a Moisés es el mismo que salva en Jesús.