Los descendientes de Noé se asientan en la llanura de Sinar
Génesis 11:1-2Después del diluvio, la humanidad vuelve a empezar con los tres hijos de Noé. El relato abre con una situación que ya no existe para el lector: «Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras» Génesis 11:1.
Esa humanidad está en movimiento. Al desplazarse desde el oriente, encuentra una llanura en la tierra de Sinar y se asienta allí Génesis 11:2. Sinar es el nombre bíblico de la baja Mesopotamia, la tierra entre el Tigris y el Éufrates donde estaban Babilonia y las grandes ciudades del sur: la lista de las naciones ya ha dicho que allí estuvo el comienzo del reino de Nimrod, «Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar» Génesis 10:8-10.
Construyen una ciudad y una torre que llegue al cielo
Génesis 11:3-4Lo primero que hacen es fabricar el material. Se dicen unos a otros que hagan ladrillos y los cuezan en el fuego, y el narrador anota: les sirvió el ladrillo en lugar de piedra y el asfalto en lugar de mezcla Génesis 11:3.
Luego, el proyecto: «Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra» Génesis 11:4.
La frase contiene todo lo que está en juego. Quieren llegar al cielo, hacerse un nombre por sí mismos y quedarse juntos en un solo lugar. Dios había mandado a la humanidad, al salir del arca, que llenara la tierra Génesis 9:1; ellos construyen precisamente para no dispersarse.
Dios desciende a ver la torre de Babel
Génesis 11:5-7«Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres» Génesis 11:5. La ironía es buscada: la torre que pretendía tocar el cielo es tan pequeña que Dios tiene que bajar para verla.
Lo que Dios constata es la fuerza de esa unidad: son un solo pueblo, con una sola lengua, y esto es solo el comienzo; nada de lo que se propongan les será imposible Génesis 11:6. La respuesta es bajar y confundir su lengua, para que ninguno entienda lo que dice el otro Génesis 11:7.
Dios confunde las lenguas y dispersa a los hombres desde Babel
Génesis 11:8-9Dios los esparce desde allí por toda la tierra, y dejan de edificar la ciudad Génesis 11:8. El castigo es exactamente lo que habían querido evitar: la dispersión. Y el nombre que buscaban lo reciben, pero no el que esperaban: la ciudad se llamará Babel, «porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra» Génesis 11:9.
Lo que pasó después
El relato no cuenta qué fue de la ciudad. El Génesis pasa a una nueva genealogía: la de Sem, que en diez generaciones llega hasta Abraham, hijo de Taré, cuya familia vive en Ur de los caldeos, en la misma Mesopotamia Génesis 11:10-32.
Y en el capítulo siguiente Dios llama a Abraham a salir de su tierra con una promesa que responde, palabra por palabra, a lo que buscaban los de Babel: «haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre», y en él serán benditas «todas las familias de la tierra» Génesis 12:1-3. El nombre que Babel quiso fabricar, Dios lo da; las familias que se dispersaron recibirán la bendición por medio de uno de ellos.
Por dónde seguir
- Dónde: Babilonia · Ur · Harán
- Quién: Abraham, con quien empieza la historia siguiente.
- Palabras: Torre de Babel · Nombre · Etimología · Pentecostés · Lengua acadia
- Antes: El diluvio.