De vuelta en Ramá, Dios se acuerda de Ana. Concibe, da a luz un hijo y lo llama Samuel, «por cuanto lo pedí a Jehová» 1 Samuel 1:19-20. Esa vez no sube con su marido a Silo: le dice que se quedará en casa hasta que el niño sea destetado y que entonces lo llevará para que se quede allí para siempre. Elcana lo acepta 1 Samuel 1:21-23.
Cuando lo desteta, lo sube a Silo con tres becerros, un efa de harina y una vasija de vino. Tras sacrificar un becerro, Ana presenta el niño a Elí y le recuerda quién es: «Yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová» 1 Samuel 1:24-28.
Su papel dentro de la Biblia
Ana aparece en solo dos capítulos, y su historia es la puerta de los libros de Samuel. Por ella empieza el relato que llevará de los jueces a la monarquía: el hijo que pide en Silo será el profeta que unja a Saúl y a David. Su cántico anuncia ese cambio antes de que nadie lo espere, y sus temas —Dios que exalta a los humildes, la estéril que da a luz— vuelven a sonar en el Nuevo Testamento en boca de María. Es, además, una de las oraciones más detalladas de la Biblia: dónde se hizo, cómo, qué se prometió y cómo se cumplió.
Otros con el mismo nombre
Ana la profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, una viuda muy anciana que no se apartaba del templo de Jerusalén. Cuando José y María presentan al niño Jesús, ella da gracias a Dios y habla de él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén Lucas 2:36-38. Ver la tribu de Aser.