Elcana, un hombre de Ramataim-zofim, en la serranía de Efraín, tiene dos mujeres: Ana y Penina. Penina tiene hijos; Ana no 1 Samuel 1:1-2. Cada año la familia sube a Silo para adorar y ofrecer sacrificios en el santuario, donde son sacerdotes los hijos de Elí 1 Samuel 1:3.
En la comida del sacrificio, Elcana reparte las porciones. A Ana le da una porción escogida, «porque amaba a Ana», aunque Dios no le había concedido hijos. Y su rival la irrita y la entristece, año tras año, hasta que Ana llora y no come 1 Samuel 1:4-7. Elcana intenta consolarla: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?» 1 Samuel 1:8. Ana no responde.
Su papel dentro de la Biblia
Ana aparece en solo dos capítulos, y su historia es la puerta de los libros de Samuel. Por ella empieza el relato que llevará de los jueces a la monarquía: el hijo que pide en Silo será el profeta que unja a Saúl y a David. Su cántico anuncia ese cambio antes de que nadie lo espere, y sus temas —Dios que exalta a los humildes, la estéril que da a luz— vuelven a sonar en el Nuevo Testamento en boca de María. Es, además, una de las oraciones más detalladas de la Biblia: dónde se hizo, cómo, qué se prometió y cómo se cumplió.
Otros con el mismo nombre
Ana la profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, una viuda muy anciana que no se apartaba del templo de Jerusalén. Cuando José y María presentan al niño Jesús, ella da gracias a Dios y habla de él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén Lucas 2:36-38. Ver la tribu de Aser.