Tres años después, Acab propone a Josafat, rey de Judá, recuperar Ramot de Galaad de manos de Siria, y Josafat acepta, pero pide consultar antes a Jehová 1 Reyes 22:1-5. Cuatrocientos profetas aseguran la victoria. Josafat pregunta si no hay otro, y Acab confiesa que queda uno, Micaías hijo de Imla, «mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal» 1 Reyes 22:6-8.
Micaías, presionado, repite primero lo que dicen los demás y después cuenta su visión: Israel esparcido por los montes como ovejas sin pastor, y Jehová en su trono permitiendo que un espíritu de mentira hable por boca de los profetas del rey 1 Reyes 22:15-23. Acab lo manda a la cárcel a pan y agua hasta que vuelva en paz, y Micaías responde: si vuelves en paz, Jehová no ha hablado por mí 1 Reyes 22:26-28.
Acab entra en la batalla disfrazado. Los sirios persiguen a Josafat, creyendo que es el rey de Israel, y lo dejan al ver su error. Un hombre dispara su arco «a la ventura» y hiere a Acab entre las junturas de la armadura. El rey se queda en su carro, sostenido frente a los sirios, y muere al atardecer 1 Reyes 22:29-35. Lo entierran en Samaria; al lavar su carro en el estanque, los perros lamen su sangre, conforme a la palabra de Jehová 1 Reyes 22:37-38. Ver Ramot de Galaad.
Su papel dentro de la Biblia
Acab es el rey que la Biblia pone como ejemplo de la idolatría en el reino del norte, y su nombre pasa a designar toda una manera de reinar: los reyes posteriores «anduvieron en el camino de la casa de Acab» 2 Reyes 8:18 2 Reyes 8:27, y Miqueas condena a Jerusalén por guardar «toda obra de la casa de Acab» Miqueas 6:16. Su casa termina con Jehú, ungido para vengar la sangre de los profetas derramada por Jezabel 2 Reyes 9:7-10.
Su historia sirve, sobre todo, de escenario para los grandes profetas 1 Reyes 22:8: Elías, Micaías y los profetas anónimos de 1 Reyes 20. En sus relatos aparece la pregunta de cómo distinguir al profeta verdadero de los que dicen al rey lo que quiere oír.
Historia y evidencia
Otros con el mismo nombre
Jeremías menciona a un falso profeta llamado Acab hijo de Colaías, entre los desterrados de Babilonia, al que Nabucodonosor mandó quemar Jeremías 29:21-22.