Coré, un levita, se alza con Datán, Abiram y doscientos cincuenta jefes de la congregación contra Moisés y Aarón: toda la congregación es santa, les dicen, ¿por qué se levantan ellos por encima del pueblo? Números 16:1-3. Moisés propone una prueba con incensarios: que cada uno tome el suyo, ponga fuego e incienso delante de Jehová al día siguiente, y que Dios muestre a quién ha escogido Números 16:6-7. Al día siguiente están todos a la puerta del tabernáculo, cada uno con su incensario, y Aarón con el suyo Números 16:16-18.
La tierra se abre y se traga a Coré, Datán y Abiram con sus casas Números 16:31-33, y sale fuego de Jehová que consume a los doscientos cincuenta que ofrecían el incienso Números 16:35. Después Dios manda a Eleazar, hijo de Aarón, sacar los incensarios de entre los restos del fuego, porque han quedado santificados al ser ofrecidos delante de Jehová. Con ellos se hacen láminas batidas para cubrir el altar, como señal para Israel: que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón se acerque a ofrecer incienso, para que no le ocurra como a Coré Números 16:36-40.