Los evangelios cuentan que a Jesús lo ungió con perfume no un sacerdote ni un profeta, sino una mujer. En Betania, en casa de Simón el leproso, una mujer rompe un frasco de alabastro de perfume de nardo puro, de mucho precio, y se lo derrama sobre la cabeza. Algunos se indignan por el derroche: podía haberse vendido por más de trescientos denarios para los pobres. Jesús la defiende: «se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura», y anuncia que lo que ha hecho se contará en todo el mundo en memoria de ella Marcos 14:3-9.
Los evangelios lo cuentan de maneras distintas —quién era la mujer, si ungió la cabeza o los pies, cuándo ocurrió—, y el relato paralelo al final de esta ficha las muestra una junto a otra.
Obra de arte
Una mujer unge los pies de Jesús durante una comidaTissot sigue la tradición que identificó a esta mujer con María Magdalena. Ningún evangelio dice que la mujer que ungió a Jesús fuera María Magdalena. James Tissot, El perfume de la Magdalena, 1886–1894. Dominio público, vía
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