Un peso para cantidades grandes
El talento no era una moneda, sino un peso: el más grande de la escala hebrea, por encima del siclo y de la mina. Se usaba cuando las cantidades eran tan grandes que contarlas en siclos no tenía sentido. El oro, la plata y el bronce reunidos para el tabernáculo se cuentan en talentos Éxodo 38:24-27, y también el oro que entraba cada año en el tesoro de Salomón: «seiscientos sesenta y seis talentos» 1 Reyes 10:14.
El mismo relato del tabernáculo da la equivalencia sin decirla. Cada uno de los 603.550 hombres censados aportó medio siclo, y el total fue «cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos». La cuenta sale exacta si un talento vale 3.000 siclos. Con el siclo de unos 11,4 g, el talento rondaría los 34 kg.
Por eso las cifras en talentos son, sobre todo, cifras de Estado: tributos, botines, tesoros reales. Cuando Senaquerib invadió Judá, Ezequías le pagó «trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro», y tuvo que vaciar el tesoro del templo y del palacio para reunirlos 2 Reyes 18:14.
En el Nuevo Testamento: una suma impagable
En tiempos de Jesús, el talento era también una unidad de cuenta monetaria. Por eso las parábolas lo usan para hablar de cantidades desmesuradas. En la del siervo que no perdona, un hombre debe a su rey «diez mil talentos»; perdonado, sale y estrangula a un compañero que le debe «cien denarios» Mateo 18:23-35. La parábola funciona por el contraste: la primera deuda es imposible de pagar en una vida; la segunda, la de unos meses de trabajo.
En la parábola de los talentos, un señor reparte su dinero entre tres siervos, «a cada uno conforme a su capacidad», y al volver les pide cuentas Mateo 25:14-30. De esta parábola viene el sentido español de «talento» como aptitud o don natural, que el griego no tenía. Lucas cuenta una parábola parecida con minas, una cantidad mucho menor.
El Apocalipsis usa el talento como imagen del peso: en la séptima copa caen sobre los hombres granizos «como del peso de un talento» Apocalipsis 16:21.