Una biblioteca, no un libro
Quien abre una Biblia por primera vez encuentra un índice con decenas de títulos. Cada uno es una obra distinta, con su autor (conocido o no), su época, su lengua y su género. Génesis es un relato de orígenes; Levítico, un manual de culto; los Salmos, un libro de oraciones cantadas; Proverbios, una colección de dichos; Romanos, una carta; Apocalipsis, una visión. Leerlos todos con la misma clave es la fuente de muchas confusiones: un poema no se lee como una ley, ni una parábola como una crónica (véase paralelismo y parábola).
La palabra misma lo recuerda: ta biblía es un plural, «los libros». El propio texto bíblico ya habla de sí en plural: Daniel dice que estudiaba «en los libros» el número de años que anunció Jeremías Daniel 9:2.
Cómo se organiza
La Biblia hebrea —el Tanaj judío— tiene tres partes, y su nombre es un acrónimo de ellas: Torá (la Ley, el Pentateuco), Nevi’im (los Profetas) y Ketuvim (los Escritos). Jesús se refiere a esa misma división cuando habla de «la ley de Moisés, los profetas y los salmos» Lucas 24:44, con los Salmos como el libro más conocido de la tercera parte.
La Biblia cristiana recibe esos libros como Antiguo Testamento, pero los ordena de otra manera —libros de la Ley, históricos, poéticos o sapienciales y proféticos— siguiendo el orden de la traducción griega, la Septuaginta. Le añade el Nuevo Testamento: cuatro evangelios, Hechos, veintiuna cartas y el Apocalipsis.
En qué lenguas se escribió
Casi todo el Antiguo Testamento está en hebreo; algunos capítulos de Daniel y de Esdras, en arameo. El Nuevo Testamento se escribió en griego común, el koiné. Nadie conserva los originales: lo que hay son copias, algunas muy antiguas, como los manuscritos del mar Muerto. Toda Biblia en español es una traducción; la más difundida en el mundo evangélico hispano es la Reina-Valera, cuya revisión de 1960 es la que cita este sitio.
Libros que se leían en voz alta
En tiempos de Jesús la Escritura no era un volumen encuadernado, sino una serie de rollos guardados en la sinagoga. En Nazaret le dan «el libro del profeta Isaías», lo desenrolla y busca el pasaje Lucas 4:16-17. Por eso los textos bíblicos no citan por capítulo y versículo: esa división llegó mucho después (véase capítulos y versículos).
Cómo se ve a sí misma
La segunda carta a Timoteo llama a estos libros «las Sagradas Escrituras» y afirma que «toda la Escritura es inspirada por Dios» 2 Timoteo 3:15-16; en ese momento se refiere sobre todo al Antiguo Testamento. La segunda de Pedro ya pone las cartas de Pablo junto a «las otras Escrituras» 2 Pedro 3:15-16. Qué significa exactamente que la Biblia sea «inspirada» es una cuestión teológica con varias respuestas: véase inspiración.