Israel sale de Egipto, y Dios no lo lleva por el camino de la costa, el más corto, sino por el desierto, para que no se desanime si ve la guerra Éxodo 13:17-18. Desde Etam, al borde del desierto, aparece la señal: «Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche». Y añade: nunca se apartó de delante del pueblo Éxodo 13:20-22. Ver la salida de Egipto y la zarza ardiente.
Lo que el texto permite afirmar y lo que no
El texto describe una sola columna que de día se ve como nube y de noche como fuego, en la que va Jehová, a veces llamado el Ángel de Dios Éxodo 14:19. No dice su tamaño ni su forma, solo que es una «columna»; no dice que nadie la fabricara ni la transportara. No es un objeto en sentido material, sino una señal visible de la presencia de Dios, y por eso no hay de ella ningún paralelo arqueológico. Las explicaciones naturales que se han propuesto —una erupción volcánica, una tormenta de arena o los braseros de una caravana— son hipótesis modernas que el relato no sugiere.