Años después, David huye de Saúl y va a buscar a Samuel a Ramá. Le cuenta todo lo que Saúl le ha hecho, y los dos se instalan en Naiot 1 Samuel 19:18. El único refugio que David busca en ese momento es el profeta que lo ungió.
Saúl envía mensajeros a prenderlo. Encuentran a un grupo de profetas que profetizaban «y a Samuel que estaba allí y los presidía», y el Espíritu de Dios cae sobre ellos: también profetizan. Pasa lo mismo con un segundo y un tercer grupo 1 Samuel 19:19-21.
Al final va el propio Saúl. En el camino, el Espíritu cae también sobre él; llega profetizando, se quita la ropa y queda tendido «delante de Samuel» todo el día y toda la noche. De ahí, dice el texto, viene el dicho «¿también Saúl entre los profetas?» 1 Samuel 19:22-24, el mismo que ya se había explicado de otro modo en su unción 1 Samuel 10:11-12.
La siguiente noticia sobre Samuel es su muerte. El texto la da en una frase: murió, se juntó todo Israel, lo lloraron y lo sepultaron «en su casa en Ramá» 1 Samuel 25:1.