Cuando Samuel reaparece, habla como los jueces del libro anterior: si Israel vuelve a Dios de todo corazón, que quite a los baales y a Astarot, y Dios los librará de los filisteos. Lo hacen 1 Samuel 7:3-4. Samuel convoca a todos en Mizpa y les dice: «yo oraré por vosotros a Jehová» 1 Samuel 7:5. Allí sacan agua y la derraman ante Dios, ayunan y confiesan: «contra Jehová hemos pecado»; y el texto añade que Samuel juzgó a Israel en Mizpa 1 Samuel 7:6.
Los filisteos se enteran de la asamblea y suben contra Mizpa. El pueblo, con miedo, le pide a Samuel: «no ceses de clamar por nosotros» 1 Samuel 7:7-8. Samuel ofrece un cordero de leche en holocausto y clama; mientras ofrece, Dios truena sobre los filisteos, que se desbandan, e Israel los persigue 1 Samuel 7:9-11.
Samuel levanta entonces una piedra entre Mizpa y Sen y la llama Eben-ezer, «piedra de ayuda»: «hasta aquí nos ayudó Jehová» 1 Samuel 7:12. Es el mismo nombre del lugar donde Israel había perdido el arca veinte años antes 1 Samuel 4:1; si se trata del mismo sitio o de otro, el texto no lo aclara.
El resumen es amplio: los filisteos no volvieron a entrar en territorio de Israel, la mano de Dios estuvo contra ellos «todos los días de Samuel», se recuperaron ciudades y hubo paz con los amorreos 1 Samuel 7:13-14. El propio libro matiza esa paz más adelante: en tiempos de Saúl hay guarniciones filisteas en el país y guerra abierta 1 Samuel 10:5 1 Samuel 13:19-22.
Samuel juzga a Israel toda su vida. Cada año hace un circuito por Bet-el, Gilgal y Mizpa, y vuelve a Ramá, donde está su casa, donde juzga y donde levanta un altar 1 Samuel 7:15-17. Todo su ámbito cabe en unos pocos kilómetros de la meseta de Benjamín y el valle del Jordán.