Dios interrumpe el duelo: «¿hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado?». Le manda llenar su cuerno de aceite e ir a casa de Isaí de Belén, porque entre sus hijos se ha provisto de rey 1 Samuel 16:1.
Samuel tiene miedo, y lo dice: «si Saúl lo supiera, me mataría». Dios le indica llevar una becerra y presentarse como quien va a ofrecer sacrificio 1 Samuel 16:2-3. En Belén, los ancianos salen a recibirlo temblando: «¿es pacífica tu venida?» 1 Samuel 16:4.
Isaí hace pasar a sus hijos. Al ver a Eliab, el mayor, Samuel piensa que ese es el ungido. Dios lo detiene: «no mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura… porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» 1 Samuel 16:6-7. La advertencia va dirigida a Samuel, que años antes había presentado a Saúl señalando que no había otro como él, en una escena donde el texto destacaba su estatura 1 Samuel 10:23-24.
Pasan siete hijos y ninguno es el elegido. «¿Son éstos todos tus hijos?». Falta el menor, que está con las ovejas. Samuel se niega a sentarse a la mesa hasta que llegue 1 Samuel 16:8-11. Cuando entra David, Dios le dice: «levántate y úngelo, porque éste es». Samuel lo unge en medio de sus hermanos, el Espíritu de Dios viene sobre David desde ese día, y Samuel se vuelve a Ramá 1 Samuel 16:12-13. Es la última unción de su vida.