Fuera de los libros que llevan su nombre, la Biblia recuerda a Samuel de varias formas, y una se repite.
Crónicas lo integra en la memoria del culto: lo pone entre los levitas, con un nieto, Hemán, entre los cantores del templo 1 Crónicas 6:33; le atribuye un papel en la organización de los porteros del santuario, junto a David 1 Crónicas 9:22; recuerda que David fue ungido rey sobre todo Israel «conforme a la palabra de Jehová por medio de Samuel» 1 Crónicas 11:3; y cita entre sus fuentes un libro de «Samuel vidente» 1 Crónicas 29:29.
Pero lo que más se recuerda es su oración. El Salmo 99 lo pone junto a Moisés y Aarón como uno de los que invocaban el nombre de Dios y eran respondidos Salmos 99:6. Y en Jeremías, cuando Dios rechaza interceder por Judá, usa a Moisés y a Samuel como el caso máximo: ni aunque ellos dos se pusieran delante de él cambiaría la sentencia Jeremías 15:1. Es la figura que el propio Samuel había asumido en Mizpa y en Gilgal: el que no deja de rogar por su pueblo 1 Samuel 7:5 1 Samuel 12:23.
El Nuevo Testamento lo sitúa como punto de partida. Pedro habla de «todos los profetas desde Samuel en adelante» Hechos 3:24; Pablo, en Antioquía de Pisidia, lo pone al final de los jueces y al comienzo de los reyes Hechos 13:20-21; y Hebreos lo incluye entre los que por la fe «hicieron justicia» Hebreos 11:32-33.