El servicio del altar estaba unido al del candelabro. Cada mañana, al preparar las lámparas, Aarón quemaba en él incienso aromático, y cada tarde, al encenderlas, otra vez: un incienso continuo delante de Jehová, generación tras generación Éxodo 30:7-8. Era un altar con una sola función. Quedaba prohibido ofrecer en él incienso extraño, holocausto u ofrenda de harina, y derramar libación Éxodo 30:9.
El incienso mismo tenía fórmula propia: cuatro especias aromáticas en partes iguales, mezcladas como lo hace el perfumista, puro y santo, y una parte molida se ponía delante del testimonio. Era «santísimo»: quien hiciera otro igual para olerlo quedaba cortado de su pueblo Éxodo 30:34-38. Moisés quemó el primero cuando instaló el altar Éxodo 40:26-27.