En el templo de Salomón, el altar del incienso pasó a ser de cedro cubierto de oro, delante del lugar santísimo 1 Reyes 6:20-22, y figura entre los objetos de oro de la casa, junto a la mesa de los panes 1 Reyes 7:48. Reyes dice además que Salomón, tres veces al año, ofrecía holocaustos en el altar de bronce y quemaba incienso «sobre el altar que estaba delante de Jehová» 1 Reyes 9:25, sin comentar si lo hacía él o por medio de los sacerdotes.
Crónicas cuenta, en cambio, un episodio que muestra hasta dónde llegaba la frontera. El rey Uzías, poderoso y próspero, se enorgullece y entra en el templo para quemar incienso en el altar del incienso 2 Crónicas 26:16. El sacerdote Azarías entra tras él con ochenta sacerdotes y lo confrontan: esa tarea no es suya, sino de los sacerdotes hijos de Aarón, consagrados para ello 2 Crónicas 26:17-18. Uzías se enfurece con el incensario en la mano, y en ese momento, junto al altar del incienso, le brota la lepra en la frente. Lo sacan de allí, y vive leproso, apartado y excluido del templo, hasta su muerte 2 Crónicas 26:19-21.